Bolivia vive una transformación económica que, lejos de traer la estabilidad prometida, la devaluación aumenta el costo de vida. La combinación de una devaluación constante del boliviano, el incremento en las tarifas eléctricas y la persistente distribución de combustibles de mala calidad ha configurado un escenario donde el pueblo es el principal damnificado.
El dólar: devaluación y bajo optimismo
Desde el abandono del tipo de cambio fijo, el dólar ha registrado un incremento del 5,5% en apenas 11 días, pasando de Bs 9,73 a los Bs 10,40 en el mercado paralelo. Este fenómeno no es casual; es el resultado de una política de “flotación administrada” que, en la práctica, ha privatizado la divisa.
Al permitir que el precio del dólar sea dictado por el promedio ponderado de las negociaciones de los grandes exportadores (agroindustria y minería), el Gobierno ha dejado al Banco Central de Bolivia (BCB) sin capacidad de intervención. ¿A cuánto llegará el dólar a finales de 2026? Si la tendencia actual persiste, las proyecciones indican que la divisa podría cerrar el año entre Bs 14 y Bs 16, con una proyección aún más sombría para 2027, donde podría superar la barrera de los Bs 20.
El tarifazo eléctrico y la dolarización de la luz
Como si la devaluación no fuera suficiente, el Decreto Supremo 5647 ha introducido un “tarifazo” eléctrico camuflado. La norma permite incrementos mensuales de hasta el 5% y, lo más grave, vincula el costo de la electricidad a la cotización del dólar.
Este mecanismo de indexación significa que cada vez que el dólar sube, la factura de luz de los hogares bolivianos se ajusta automáticamente al alza. Esto vulnera el derecho constitucional al acceso a servicios básicos (Art. 20.I CPE), convirtiendo la electricidad en un servicio de lujo y generando un efecto dominó que encarece toda la cadena productiva, desde el pan hasta el transporte.
Combustible: Subvención que se traduce en “gasolina basura”
A pesar de la crisis, el Gobierno mantiene una subvención a los hidrocarburos que, según denuncias de transportistas y expertos como Gonzalo Colque, se traduce en la entrega de “gasolina basura”. La presión de los agroindustriales cañeros para imponer mezclas de etanol de hasta un 25% —muy por encima de los estándares técnicos— ha provocado daños masivos en miles de motores. Pero es preciso señalar que esto venía sucediendo aunque en menor escala en la anterior administración del ex presidente, Luis Arce.
El Estado sigue destinando recursos a un combustible que, lejos de ser eficiente, es contaminante y dañino. Mientras tanto, la escasez persiste y el combustible se desvía al mercado negro, donde se comercializa a precios que triplican el costo oficial, afectando directamente a los sectores más vulnerables que dependen del transporte y la maquinaria agrícola.
La clase media en caída libre
El impacto acumulado de estas medidas ha provocado que la clase media boliviana se encoja. Según la Fundación Jubileo, el 10% de la población que antes se consideraba clase media ha caído en la pobreza. La inflación silenciosa, impulsada por el alza de alimentos y servicios, ha borrado años de esfuerzo económico.
El economista Germán Molina, citado en Erbol, ha sido enfático: el régimen cambiario actual no es sostenible porque carece de un fondo de estabilización y de disciplina fiscal. Sin reservas internacionales para respaldar la oferta de dólares y con un déficit fiscal que ronda el 11%, la credibilidad en las autoridades económicas se desmorona.
Un modelo que traslada la crisis al pueblo
La gestión de Rodrigo Paz ha optado por un ajuste estructural que, bajo el pretexto de la “racionalización”, ha trasladado el costo de la crisis de divisas y combustibles directamente al consumidor final. Mientras el Gobierno celebra la aprobación de presupuestos reformulados que prometen estabilidad, la realidad en los mercados y surtidores cuenta una historia distinta: una economía frenada, un costo de vida en ascenso y una población que, ante la falta de respuestas, comienza a buscar alternativas desesperadas, como la migración hacia la electromovilidad.
