Activista polaca Monika Silva fue asesinada mientras investigaba a la empresa familiar del presidente Noboa

Activista polaca Monika Silva fue asesinada mientras investigaba a la empresa familiar del presidente Noboa

El misterio en torno a la muerte de la activista anticorrupción polaca Monika Silva Koniuszek ha dado un giro definitivo. La autopsia practicada a su cuerpo en Guayaquil derribó la hipótesis oficial del suicidio, confirmando que la defensora de derechos humanos fue brutalmente asesinada. Este hallazgo enciende las alarmas internacionales, ya que sus colegas denuncian que el crimen busca silenciar las investigaciones que Silva realizaba sobre presuntos vínculos con el narcotráfico de Noboa Trading, el conglomerado bananero perteneciente a la familia del actual presidente de Ecuador, Daniel Noboa.

De “suicidio” a femicidio y crimen de Estado: los resultados de la autopsia

Monika Silva, madre soltera de 41 años y residente en Ecuador desde hace más de una década, fue hallada muerta el pasado 8 de junio en su domicilio en Montañita (provincia de Santa Elena), con una soga alrededor del cuello.

Apenas un día después, antes de que existieran informes periciales, el ministro del Interior, John Reimberg, se apresuró a declarar ante los medios que la principal hipótesis era el suicidio, asegurando que “se encontraron los indicios necesarios para llegar a esa determinación”.

Sin embargo, el equipo legal que representa a la familia de la víctima desmintió categóricamente esa versión. La abogada Lita Martínez, directora del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de las Mujeres (Cepam), reveló los resultados forenses: la causa de la muerte fue estrangulamiento y un fuerte golpe en la cabeza.

“Con los informes periciales tenemos la certeza de que estamos frente a una muerte violenta, por lo tanto se desmorona esta pretendida alusión de que había de por medio un suicidio”, sentenció Martínez. La abogada criticó duramente al Ministro del Interior por emitir un “juicio de valor” apresurado, lo que calificó como un intento de desviar la atención de los verdaderos motivos del crimen.

La investigación que le costó la vida: El expediente Noboa Trading

En sus redes sociales, Silva se describía como “activista anticorrupción y defensora de la Pachamama”, afirmando que “no hace falta nacer en Ecuador para amarlo y defender lo justo”. Su activismo la llevó a investigar mafias inmobiliarias y corrupción en la provincia de Santa Elena, labor por la que ya había recibido amenazas de muerte de carteles locales.

Pero el detonante de su asesinato, según denuncian sus compañeros, fue su investigación sobre el entorno presidencial. Compañeros activistas —como la escritora británica Beth Pitts— afirman que Silva comenzó a investigar a Noboa Trading, la megaempresa de exportación de plátanos de la familia de Daniel Noboa.

Silva estaba documentando denuncias de que varias toneladas de cocaína habían sido incautadas en contenedores de plátanos de Noboa Trading, y que altos cargos del sistema judicial ecuatoriano estaban frenando y encubriendo las investigaciones. Poco antes de su asesinato, la activista confesó a su círculo íntimo que había entregado un dossier con pruebas exhaustivas sobre este caso a la embajada de Estados Unidos en Quito.

Además de este explosivo caso, Silva exigía justicia por el asesinato del periodista comunitario Robinson del Pezo, asesinado en noviembre de 2025 por investigar una red de tráfico de tierras a gran escala que involucraba a políticos de Santa Elena. Joanna Cuper, amiga polaca de la víctima, relató a medios de su país que Monika sabía que la “seguían y vigilaban”, y que los cárteles habían “puesto precio a su cabeza”.

Presión internacional y un año violento para Noboa

El asesinato de la activista polaca ha desatado una crisis diplomática para el gobierno de Noboa. La Unión Europea y la embajada de Polonia (acreditada desde Perú) han exigido al Estado ecuatoriano una “investigación rápida, exhaustiva, independiente y transparente para esclarecer las circunstancias y garantizar la rendición de cuentas”. La Fiscalía polaca incluso ha solicitado asistencia judicial para intervenir directamente en el caso.

El caso de Monika Silva expone el fracaso de la política de seguridad de Daniel Noboa, quien asumió prometiendo una “guerra contra el crimen organizado”. Pese a haber decretado siete toques de queda y estados de excepción consecutivos (suspendiendo derechos como la inviolabilidad del domicilio), la violencia está descontrolada.

El año 2025 cerró como el más violento en la historia de Ecuador, con 9.216 homicidios (un incremento del 30,48% respecto a 2024). Junio de 2026 comenzó con hallazgos macabros: ocho jóvenes asesinados en la provincia de Los Ríos, y el escandaloso reconocimiento por parte del jefe de la Fuerza Aérea de que una patrulla militar torturó y carbonizó a cuatro menores de edad (los “4 de Guayaquil”) en 2024.

Mientras la Fiscalía ecuatoriana invitó a peritos extranjeros a colaborar en el caso de Monika Silva, la sospecha de que su muerte fue un asesinato por encargo para silenciar sus revelaciones sobre la empresa de la familia presidencial pone a Daniel Noboa bajo el escrutinio de la comunidad internacional.

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