El sensacionalismo boliviano de nuevo tocó la puerta, esta vez con el conflicto Rusia-Ucrania, donde se develó que soldados bolivianos participan. Toda vida es sagrada, a pesar de que cuando los “indios” bloquean Bolivia, se pide “mano dura” y que disparen contra ellos. Ahí los clamores por la vida y lo sagrado se dislocan. Es importante señalarlo porque la violencia siempre tiene un vector que sigue hacia un lado en la perspectiva occidental. Frantz Fanon, martiniqués, psiquiatra y pensador del colonialismo eeuuropero, en especial francés, llamó al colonialismo “violencia naturalizada”.
El conflicto ruso-ucraniano alberga alrededor de 15 mil latinos, mientras que solo las Fuerzas Armadas de EEUU cuentan con 314.000 latinoamericanos en servicio activo, una cifra que convierte a la comunidad hispana en uno de los pilares humanos del aparato militar más poderoso del planeta. Los latinos representan alrededor del 16 % del personal militar activo; superan el 18 % tanto en el Ejército como en la Armada y alcanzan cerca del 28 % del Cuerpo de Marines, una sobrerrepresentación respecto de su peso en la población adulta estadounidense. Además, más de 1,3 millones de veteranos latinos viven actualmente en EEUU. Estos datos corresponden a la Hispanic Federation.
Es decir, los latinos han participado activamente en las invasiones de EEUU durante toda su historia. Sobra decir que también figuran entre las bajas.
Soldados bolivianos en la guerra Rusia-Ucrania
Según la Cancillería boliviana, al menos 16 ciudadanos se encontrarían en territorio ruso tras ser captados por intermediarios mediante ofertas engañosas que prometían salarios de hasta 16.000 dólares. La hermana de uno de los jóvenes desaparecidos relató a ERBOL que su familiar viajó con la esperanza de costear una operación para su hijo, pero perdió contacto tras ser enviado a una misión militar.
Aunque la Embajada de Rusia en Bolivia ha descartado vínculos con estos reclutamientos, la Fiscalía General del Estado ha iniciado investigaciones de oficio por trata y tráfico de personas, mientras las familias realizan velorios simbólicos ante la falta de confirmación oficial de los decesos. Los soldados bolivianos en la guerra son un misterio.
Sin embargo, los bolivianos son una gota en un mar de reclutas que provienen de Colombia, Cuba, Argentina, México, entre otros países presentes en el conflicto. Los colombianos, aparentemente, son bastante solicitados por su buen entrenamiento, aunque no son los únicos.
Reclutamiento de soldados latinos
EEUU recluta a latinos y otros grupos étnicos mediante campañas de marketing bilingües y programas de naturalización rápida. Es decir: “Mata por nosotros y serás ciudadano”. Nada más estadounidense que un tiroteo.
Los candidatos deben aprobar exámenes físicos, médicos y de inglés, además de obtener una puntuación mínima en la prueba de admisión.
El medio France 24, en diciembre de 2024, reveló “La desilusión de los latinoamericanos en Ucrania“, donde se muestra que Ucrania tiene una campaña activa para reclutar colombianos a través de TikTok. Videos sobre soldados colombianos o incluso del propio ejército ucraniano con latinos en el frente son el “bait” para ingresar a este negocio.
A diferencia de EEUU, donde lo atractivo no es la ciudadanía sino contratos legales, con tiempo y remuneración determinados, UNITED24 Media situó en febrero de 2026 la cifra en aproximadamente 7.000 colombianos sirviendo en distintas formaciones ucranianas. Esto convierte al país hermano en la mayor fuerza latinoamericana en el frente de batalla.
En el bando ucraniano destacan unidades como el Batallón Bolívar, integrado por voluntarios venezolanos, colombianos, ecuatorianos, argentinos, brasileños, peruanos y españoles, mientras que en el lado ruso diversas investigaciones sostienen que las redes de captación se concentran principalmente en Cuba, Colombia y Perú. El 11 de mayo de este año, MercoPress reportó 600 peruanos captados para el conflicto.
Los soldados bolivianos en la guerra son reclutados igual que todo latino.
La máquina de muerte y racismo
El 17 de enero de 1961, el presidente de EEUU y general Dwight D. Eisenhower pronunció su célebre discurso de despedida. En él advirtió a los estadounidenses sobre el auge del “complejo militar-industrial”. Dejar la guerra en manos de industrias privadas quita libertades y democracia. Más que una advertenica, un vaticinio de su realidad.
El complejo industrial-militar es simple: hacer de la guerra un negocio rentable.
Según datos históricos y registros del Servicio de Investigación del Congreso de EEUU (CRS, por sus siglas en inglés), las Fuerzas Armadas estadounidenses han participado en más de 100 guerras y conflictos armados no declarados, y han realizado más de 250 intervenciones militares en el extranjero desde su nacimiento. A pesar de este historial intervencionista, la superpotencia ha mordido el polvo de la derrota en episodios que marcaron la historia mundial.
Números
La participación de los latinoamericanos en las fuerzas armadas de “EEUU” no es un fenómeno reciente, sino una constante histórica que ha servido como motor de expansión y, simultáneamente, como una vía de sacrificio en los conflictos de la superpotencia. Desde la Guerra de la Independencia, donde combatieron soldados y marineros de Venezuela, México, Cuba y República Dominicana, hasta las intervenciones modernas, los latinos han estado presentes en cada frente: desde los 10.000 que lucharon por la Unión en la Guerra Civil y los 500.000 en la Segunda Guerra Mundial, hasta los más de 80.000 en Vietnam y los miles desplegados en Irak y Afganistán.
Esta presencia, que hoy alcanza a más de 300 mil efectivos activos, demuestra que los hispanos han sido históricamente enviados como fuerza de choque en las invasiones y despliegues estadounidenses, asumiendo un rol desproporcionado en las líneas de combate —como lo evidencia su alta representación en el Cuerpo de Marines— y pagando un costo humano que, aunque a menudo invisibilizado en las estadísticas demográficas del Pentágono, ha dejado miles de veteranos y bajas en combate a lo largo de más de dos siglos de intervencionismo militar.
A pesar de la historia, Donald Trump en repetidas ocasiones señaló a la comunidad latinoamericana de manera despectiva. Además de perseguirlos con su policía personal ICE.
Para citar algunos ejemplos, señaló la ingesta de mascotas por inmigrantes haitianos en Ohio, ha etiquetado a los migrantes venezolanos como “narcotraficantes, criminales y violadores” sin presentar pruebas, y ha sostenido desde el inicio de su carrera política —cuando afirmó que México enviaba “violadores” y “criminales”— una retórica que incluye ataques a jueces por su ascendencia mexicana, la exigencia de hablar solo inglés en EEUU y la despectiva calificación de naciones como Haití o El Salvador como “países de mierda”.
Al complejo industrial no le interesa ganar guerras; solo que existan. Tampoco le importa a quién mandan a morir, ni siquiera a personas que son discriminadas por el mismo sistema que los consume. Es que en este punto es sorprendente que exista una afinidad tan grande contra un sistema que te condiciona a arriesgar tu vida para pertenecer.
Y es que no importa que se gane o pierda la guerra, solo que existan. Algunos casos de grandes pérdidas para EEUU y quitar el mito de que van a ganar guerras.
Guerras perdidas por EEUU en grandes conflictos
1. La Guerra de 1812 (1812-1815): el fracaso en Canadá
Iniciada por EEUU con el objetivo expansionista de anexar las colonias británicas en Canadá, la campaña fue un desastre militar. Las tropas estadounidenses fueron repelidas por las fuerzas británicas y canadienses, quienes incluso contraatacaron, logrando capturar Washington D. C. en 1814 y quemar la Casa Blanca y el Capitolio. Aunque el tratado de paz dejó las fronteras intactas, el objetivo original fracasó rotundamente.
2. Invasión de Bahía de Cochinos, Cuba (1961): el bochorno de la CIA
En plena Guerra Fría, la CIA financió, entrenó y dirigió a una brigada de exiliados cubanos para invadir la isla y derrocar a Fidel Castro. La operación fue aplastada por el ejército cubano en apenas 72 horas. Fue una derrota humillante y rápida que consolidó a la Revolución Cubana y fortaleció la alianza de la isla con la Unión Soviética.
3. La Guerra de Vietnam (1955-1975): el trauma histórico
La gran derrota militar y televisada de EEUU. Con más de 500.000 soldados desplegados en su punto máximo y un bombardeo masivo que superó al de la Segunda Guerra Mundial, Washington fue incapaz de vencer la guerra de guerrillas del Viet Cong y al ejército norvietnamita. Estados Unidos se retiró en 1973 y, en 1975, Saigón cayó, perdiendo la guerra, 58.000 soldados y su prestigio moral en casa.
4. La intervención en Somalia (1993): la retirada apresurada
Lo que comenzó como una misión de paz respaldada por la ONU se transformó en un desastre militar tras la Batalla de Mogadiscio (“Black Hawk Down”). Milicias somalíes derribaron helicópteros estadounidenses y mataron a 18 soldados de élite. Las crudas imágenes del combate obligaron a la administración Clinton a ordenar la retirada total, fracasando en su intento de estabilizar el país.
5. La Guerra de Irak (2003-2011): la derrota estratégica
Aunque EEUU ganó la batalla militar inicial derrocando a Sadam Huseín en pocas semanas, perdió la guerra estratégica a largo plazo. No se encontraron las armas de destrucción masiva que justificaron la invasión; el país se sumió en el caos sectario, surgió el Estado Islámico (ISIS) y el vacío de poder terminó entregando a Irak a la esfera de influencia de Irán, el mayor enemigo de Washington en la región.
6. La Guerra de Afganistán (2001-2021): el gran colapso moderno
La guerra más larga en la historia de EEUU terminó en un fracaso absoluto. Tras 20 años de ocupación y más de 2 billones de dólares invertidos para “construir una nación”, el ejército afgano entrenado por Washington se rindió sin pelear. En agosto de 2021, los talibanes —el mismo grupo que EEUU había expulsado dos décadas atrás— retomaron el control total del país en medio de una caótica y desesperada evacuación estadounidense.
A esta lista se añade Irán, una guerra que a EEUU le conviene que se prolongue y se mantenga, aunque podría perder.
Paz
Según datos históricos y registros del Servicio de Investigación del Congreso de EEUU (CRS, por sus siglas en inglés), las Fuerzas Armadas estadounidenses han participado en más de 100 guerras y conflictos armados no declarados, y han realizado más de 250 intervenciones militares en el extranjero desde su nacimiento. A pesar de este historial intervencionista, la superpotencia ha mordido el polvo de la derrota en episodios que marcaron la historia mundial.
Un escrutinio de los registros históricos y del Servicio de Investigación del Congreso estadounidense demuestra que la paz absoluta ha sido una rareza excepcional para una nación que ha estado involucrada en conflictos armados durante más del 93% de su existencia.
Si se analiza el calendario histórico desde 1776 hasta la actualidad (un periodo de casi 250 años), EEUU ha gozado de apenas entre 15 y 17 años calendario de paz total.
Sensacionalismo colonial
En ambos bandos, Rusia y Ucrania, tan solo hay un 4,8 % de soldados latinos comparado con el total existente en EEUU. En esta guerra se reportaron 16 soldados bolivianos en Rusia; en UCrania no se tiene certeza.
Pero señalar a los más de 300 mil latinos en las huestes de EEUU no alarma, no atrae, no cambia lo “normal”, porque, como señalé al principio, Fanon apunta que la violencia naturalizada es otro nombre de la colonización.
La propaganda antirrusa es tan preocupante como la prorrusa cuando no se tiene en cuenta que las bajas son nuestros connacionales. Pero, en un país donde las protestas sociales siempre tienen como víctimas a sujetos racializados, personas de bajos ingresos económicos, los señalados “indios”, parece una hipocresía que se infle a la prensa con una narrativa que busca, sobre todo, encubrir los sucesos que nos traen muerte a diario.
Tan solo mediante sanciones, EEUU habría provocado la muerte de más de medio millón de personas al año; son más de cinco millones en diez años, de acuerdo con el Center for Economic and Policy Research (CEPR). Si a ello se suman las bombas, las cifras son aún mayores, pero no alarman, porque la violencia occidental es la “vida normal” que nos imponen y aceptamos en silencio. Como estado colonial, eso noes noticia.
