Gasolina “basura” y escasez: ¿El negocio del etanol está destruyendo los motores de los bolivianos?

Gasolina "basura" y escasez: ¿El negocio del etanol está destruyendo los motores de los bolivianos?

Las largas filas en los surtidores de Santa Cruz y el resto del país no son solo un síntoma de desabastecimiento; son la cara visible de una crisis estructural que combina mala gestión, intereses empresariales y una calidad de combustible que los transportistas y población califican como “basura”. Mientras el Gobierno atribuye la escasez a los bloqueos pasados, algunas peronas ya comienzan a señalar a un culpable silencioso: la presión de los agroindustriales cañeros para imponer mezclas de etanol sin control técnico.

Etanol: el negocio detrás de la “gasolina basura”

El economista e investigador, Gonzalo Colque, ha sido contundente al explicar el origen de la mala calidad del carburante. Según Colque, la decisión de importar gasolina base para mezclarla con etanol en porcentajes que habrían llegado al 25% —superando el límite técnico del 10% o 12%— responde a una presión directa del sector agroindustrial.

“Se están mezclando intereses de negocio empresariales con intereses nacionales”, denunció Colque en una entrevista que se hizo pública en Redes Sociales. El economista sostiene que el Gobierno ha priorizado la compra de etanol a los agroindustriales cañeros, quienes tienen una influencia directa en el gabinete ministerial, en lugar de importar gasolina fósil de alta calidad. Esta mezcla, realizada sin los estándares técnicos adecuados, es la que estaría provocando daños irreparables en los motores de miles de vehículos.

La calidad del etanol: Un factor ignorado

El problema no es solo el porcentaje de mezcla, sino la calidad del alcohol utilizado. Si el etanol no es manejado correctamente, su contenido de agua aumenta rápidamente. “Cuando uno destapa una botella de alcohol y la deja dos días, tiene más agua que alcohol. Lo mismo sucede en las cisternas”, advierte Colque.

A pesar de las denuncias, no existen informes de laboratorio públicos que certifiquen la calidad del etanol que YPFB está mezclando. Mientras tanto, el presidente de la Casa del Hombre, Paolo Mojica, ha denunciado que, mientras los surtidores están vacíos, el combustible se comercializa en puntos clandestinos a precios exorbitantes (hasta Bs 13 el litro), bajo sospechas de desvío de carburante estatal.

Un sector agropecuario al borde del colapso

La crisis de carburantes está asfixiando la producción de alimentos. En los valles cruceños, productores como Juanito Lino advierten que la falta de diésel y gasolina está comprometiendo la campaña agrícola. “Necesitamos que se normalice el abastecimiento para seguir produciendo”, afirmó, señalando que la escasez ya no es un problema de horas, sino una crisis crónica que encarecerá la canasta básica.

Por su parte, el exministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, calificó a YPFB como una “bomba de tiempo”. Ríos sostiene que el exceso de regulación y las pruebas técnicas improvisadas son solo una cortina de humo para ocultar que la estatal petrolera “no funciona” y que el desabastecimiento será una constante si no se realiza una reestructuración profunda.

La migración forzada hacia la electromovilidad

Ante la incertidumbre y el daño a sus vehículos, muchos bolivianos han optado por una salida radical: el vehículo eléctrico. Según datos de la Associated Press (AP), la cantidad de autos eléctricos en Bolivia aumentó de 500 a más de 3.300 en los últimos cinco años.

Ciudadanos como Simón Huanca, un artesano de El Alto, han decidido importar vehículos eléctricos para evitar la dependencia de una gasolina que, además de escasa, es cara y dañina. “No pierdo horas de trabajo buscando gasolina o haciendo reparar mi vehículo”, explica un abogado que decidió vender su auto a combustión tras sufrir los efectos de la “gasolina basura”.

¿Intereses privados sobre el interés nacional?

La crisis de los combustibles en Bolivia ha dejado al descubierto una red de intereses donde la política energética parece estar subordinada a la rentabilidad de un sector agroindustrial que presiona por vender más etanol. Mientras el Gobierno intenta contener el descontento con promesas de normalización, la realidad en los surtidores y los talleres mecánicos cuenta una historia distinta: una economía frenada por la falta de carburantes y un parque automotor que paga el precio de una mezcla que nunca debió superar los límites técnicos.

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