Fracasó los “100 días, carajo”: Cómo Samuel Doria Medina y su equipo técnico colapsaron en el gobierno de Rodrigo Paz

Fracasó los "100 días, carajo": Cómo Samuel Doria Medina y su equipo técnico colapsaron en el gobierno de Rodrigo Paz

En la política boliviana, las promesas de campaña suelen diluirse frente a la realidad del poder, pero pocas caídas han sido tan estrepitosas como la del “milagro económico” prometido por Samuel Doria Medina. Con el lema de campaña “100 días, carajo”, el líder de Unidad Nacional (UN) recorrió el país asegurando que tenía la fórmula exacta para estabilizar la economía boliviana, cortar el déficit fiscal y frenar la escasez de dólares y combustibles en tiempo récord.

Hoy, a menos de un año de haber colocado a sus principales alfiles en el corazón del Ejecutivo del actual presidente Rodrigo Paz —incluyendo al zar de la economía, José Gabriel Espinoza, y al ministro de la Presidencia, José Luis Lupo—, la factura del fracaso es insostenible. Doria Medina oficializó su ruptura con el Gobierno, anunciando una “oposición constructiva” tras admitir que la administración de Paz no ha querido o no ha sabido aplicar sus recetas. Sin embargo, más allá de la excusa ética esgrimida por el empresario, lo que revelan los datos y la gestión de sus propios hombres de confianza es que el modelo de los “100 días” fracasó rotundamente.

La anatomía de una promesa vacua: El paso del “Rey del Cemento” al poder real

Para entender este colapso político y técnico hay que mirar el historial de Doria Medina. Durante décadas, el “Rey del Cemento” construyó su narrativa sobre la base de un supuesto éxito empresarial y su paso como ministro de Planeamiento y Coordinación durante el gobierno de Jaime Paz Zamora (1989-1993), época en la que ideó el “método bonsái” para desmantelar lentamente las empresas públicas y encabezar la ola de privatizaciones que dejó tras su paso cuestionadas ventas a precio de gallina muerta (como FABOCE o FANCESA).

Tras intentar llegar a la presidencia en cinco oportunidades sin éxito electoral, Doria Medina entendió que no necesitaba la banda presidencial para detentar poder. Su método siempre fue el cuoteo, la inserción de operadores políticos y la cooptación de gabinetes. En la campaña electoral de 2025, esta estrategia se materializó en una alianza de centro-derecha que prometía un shock económico neoliberal al estilo de Javier Milei en Argentina: despidos masivos, eliminación de subsidios, alineamiento con el FMI y la intervención drástica del Banco Central de Bolivia (BCB).

Sin embargo, al llegar al poder de la mano del presidente Rodrigo Paz, la teoría económica de escritorio chocó contra la cruda realidad de un Estado sin reservas internacionales, con un déficit fiscal de dos dígitos (cercano al 12% del PIB) y una espiral inflacionaria imposible de frenar con consignas de redes sociales.

El equipo técnico bajo la lupa: Lupo, Espinoza y el colapso financiero

La cuota de poder que exigió Doria Medina dentro del gobierno de Paz fue total, copando las áreas más sensibles del manejo estatal con los rostros más emblemáticos de su círculo íntimo. Aunque la lista es extensa con viceministros, acá tenemos los claves. El resultado ha sido un desastre técnico:

  • José Gabriel Espinoza (Economía): Presentado en campaña como el “capitán antiinflación” y la gran mente técnica de UN, asumió la cartera de Economía con la promesa de ordenar las finanzas públicas. No obstante, su gestión ha estado marcada por la incapacidad de detener la devaluación acelerada del boliviano (que superó los 11 Bs por dólar en julio de 2026) y un presupuesto reformulado (PGE 2026) calificado por economistas independientes como una “farsa contable” con ingresos inflados en un 54% y una probabilidad de cumplimiento estadísticamente nula.
  • José Luis Lupo (Presidencia): Exministro en los gobiernos neoliberales de Banzer, Paz Zamora y Tuto Quiroga, fue designado como el estratega político y hombre fuerte del gabinete. Su paso por el Ministerio de la Presidencia estuvo minado por disputas internas, bloqueos y el distanciamiento con el propio presidente Paz. El mismo Doria Medina reconoció públicamente que Lupo fue marginado del “Gabinete de Crisis” y que sus iniciativas fueron sistemáticamente frenadas, dejándolo con “un pie fuera” del Ejecutivo.
  • Wilson Santamaría (Viceministerio de Coordinación Legislativa): Heredero de las épocas más oscuras del gobierno transitorio de Jeanine Áñez —donde fungió como Viceministro de Seguridad Ciudadana junto a Arturo Murillo—, Santamaría fue impuesto por Doria Medina para operar políticamente y “neutralizar” al vicepresidente Edmand Lara. Lejos de aportar gobernabilidad, su gestión ha estado envuelta en escándalos y respuestas violentas contra la prensa, como cuando descalificó al medio Sol de Pando tratándolo de “irresponsable y mentiroso” tras ser consultado por procesos de corrupción pendientes por más de Bs 2,2 millones heredados de su gestión en 2020.

La ruptura con Rodrigo Paz y el lavado de manos de Samuel Doria Medina

La inminente aprobación del Presupuesto General del Estado 2026 reformulado y la negativa del Gobierno a aplicar de forma radical el paquete de medidas de shock exigido por Unidad Nacional dinamitaron los puentes. Doria Medina anunció su salida del Ejecutivo de Rodrigo Paz apelando a una supuesta “razón ética” y criticando la corrupción generalizada que, según él, la administración de Paz no combate con la debida firmeza.

No obstante, la ruptura responde al cálculo electoral de cara al futuro y al desgaste inevitable de un equipo económico que no pudo cumplir ninguna de sus promesas. Prometer estabilizar el país en 100 días era una irresponsabilidad matemática; gobernar con las figuras del viejo neoliberalismo de los 90 demostró ser una fórmula anacrónica para la crisis del siglo XXI. Samuel Doair Medina quiere ahondar en su cara de no haber podido mejorar la situación en 100, 200 días.

El fin del mito tecnocrático

El fracaso de los “100 días” de Samuel Doria Medina en el gobierno de Rodrigo Paz entierra definitivamente el mito de que los tecnócratas formados en el dogma de la privatización y el ajuste ciego poseen varitas mágicas para arreglar los desajustes estructurales de Bolivia.

Al final, el saldo del paso de Unidad Nacional por el Ejecutivo es el reflejo de un país fracturado: ministros cuestionados por su pasado judicial, una economía dolarizada de facto que asfixia a la clase trabajadora, y un operador político que, una vez más, prefiere romper la baraja y pasar a la “oposición constructiva” antes de asumir la responsabilidad histórica del colapso que él mismo ayudó a diseñar.

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