El dólar se dispara en Bolivia: Analistas advierten que la devaluación no frena la escasez y proyectan nuevas alzas

El dólar se dispara en Bolivia: Analistas advierten que la devaluación no frena la escasez y proyectan nuevas alzas

La economía boliviana atraviesa una de sus fases más volátiles tras el fin del esquema cambiario fijo que mantuvo el dólar en Bs 6,96 durante casi 15 años. Desde el pasado 29 de junio, bajo un nuevo régimen de flotación administrada, la divisa ha experimentado una depreciación acelerada. El tipo de cambio oficial pasó de 9,83 Bs/USD el 6 de julio a 11,13 Bs/USD al 23 de julio, lo que representa una variación porcentual del 13,22% en apenas 17 días. Este incremento récord refleja la alta volatilidad y la presión que el Banco Central de Bolivia (BCB) traslada en tiempo real ante la alta demanda de divisas para importaciones y la escasez generalizada.

Las voces de los expertos: ¿Por qué los dólares no aparecen?

Ante este escenario, distintos analistas económicos han puesto bajo la lupa la efectividad del nuevo esquema cambiario.

Ricardo Alonso Fernández Salguero, doctor en economía, en un análisis publicado eEl País de España, señaló que la medida busca oficializar un costo que ya dictaba el mercado paralelo, pero advierte sobre la falta de incentivos estructurales. Fernández apuntó que, a diferencia de 1996, hoy “nadie mete dólares en el Banco Central ni en el sistema financiero”, y destacó que la captación de inversión extranjera en Bolivia es marginal, representando apenas 30 centavos de cada 100 dólares que llegan a América Latina, según datos de la CEPAL.

Por su parte, el economista e investigador Gonzalo Colque, en un análisis difundido en sus redes sociales, cuestionó la premisa de que un precio más alto atraerá automáticamente más oferta. Colque advierte que, a pesar de la devaluación a cuentagotas implementada por el BCB —que ha subido el dólar a un ritmo constante—, “los dólares siguen sin aparecer”. Para el investigador, el costo social de aceptar este nivel de devaluación es alto y carece de sentido si no forma parte de una estrategia de estabilización integral que incluya medidas fiscales y monetarias, señalando que la medida parece orientada a mejorar el perfil del gobierno de Rodrigo Paz frente a los organismos internacionales para acceder a nueva deuda.

En la misma línea, el economista y docente investigador Fernando Romero, citado en el artículo de El País, indicó que el nuevo tipo de cambio era necesario pero carece de credibilidad si no se acompaña de leyes estructurales que incrementen las exportaciones, atraigan inversión extranjera y reactiven el aparato productivo. Romero advierte que la población sigue experimentando “pánico cambiario” debido a la falta de señales claras por parte del Gobierno.

Proyecciones y el fantasma del FMI

El análisis de La Pluma y la Espada advierte que, de mantenerse el ritmo actual y sin una inyección de reservas líquidas internacionales (RIN), el dólar seguirá buscando un “precio de reposición” dictado por los importadores. Se plantean dos escenarios hacia finales de 2026:

  • Escenario Base: Un rango de 14,00 a 16,00 Bs/USD para diciembre de 2026.
  • Escenario de Riesgo: Si la escasez en el sistema bancario empuja a más sectores al mercado informal, las cifras podrían superar los 17,00 – 18,00 Bs/USD. O quizá llegue a superar los 20, esperamos equivocarnos.

Ante este panorama, la vía más accesible para conseguir divisas parece ser un crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, Ricardo Alonso Fernández advierte sobre las “duras condiciones” que esto implica, señalando que una austeridad excesiva puede derivar en lo que el propio FMI denomina “consolidación autodestructiva”, donde la economía se deprime y aumenta el endeudamiento, sugiriendo que cualquier cooperación debería canalizarse hacia sectores multiplicadores con alto impacto social, como el saneamiento básico.

Por ahora, el salto del dólar por encima de la barrera de los 11 bolivianos confirma una espiral de inflación importada, donde los grandes exportadores se benefician al liquidar sus divisas, mientras el ciudadano común, con salarios congelados en bolivianos, ve cómo su poder de compra se desvanece aceleradamente.

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