El origen del narcoterrorismo: cómo EEUU financió la Guerra Fría con drogas y la paradoja del discurso en Bolivia

El origen del narcoterrorismo: cómo EEUU financió la Guerra Fría con drogas y la paradoja del discurso en Bolivia

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la política exterior de EEUU adoptó un pragmatismo implacable en su cruzada global contra el comunismo. Lejos de juzgar a todos sus enemigos derrotados, los servicios de inteligencia estadounidenses reclutaron a antiguos oficiales nazis, miembros del fascismo italiano y del Imperio Japonés, (el eje) utilizándolos como herramientas de espionaje y represión. Estrategias como el decreto nazi “Nacht und Nebel” o la “estrategia de la tensión” del fascismo italiano fueron recicladas en América Latina a través del Plan Cóndor, cimentando regímenes de tortura y terrorismo de Estado.

Décadas después, la herencia de esa política exterior sigue marcando la retórica política. Recientemente en Bolivia, el presidente Rodrigo Paz, en el marco de la aprobación de la polémica ley de estados de excepción para sofocar los conflictos sociales, pronunció un discurso en el que utilizó la palabra «narcoterrorismo» en 13 ocasiones para culpar a este fenómeno de la crisis interna del país. Sin embargo, la historia documentada revela una omisión fundamental en el discurso del mandatario: los «narcoestados» con el «narcoterrorismo» no surgieron por generación espontánea, sino que fueron laboratorios financiados, protegidos y articulados por la propia Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) como un arma geopolítica.

EEUU es un aliado que no para de demostrar apoyo a Rodrigo Paz, recordemos la historia al presidente del terror que sembraron con las drogas.

El laboratorio de Medio Oriente y la «Media Luna Dorada»

La utilización sistémica del narcotráfico para financiar la guerra asimétrica tuvo un gran laboratorio en la llamada «Media Luna Dorada» conformada por Afganistán, Irán y Pakistán, durante la intervención soviética en Afganistán.

Según detalla el investigador Alfred W. McCoy en su libro The Politics of Heroin: CIA Complicity in the Global Drug Trade, la CIA implementó entre 1979 y 1992 la «Operación Ciclón». Este programa encubierto —uno de los más largos y costosos de la historia de la agencia— comenzó con una financiación de 695.000 dólares en 1979 y escaló a 630 millones de dólares anuales en 1987. El objetivo era armar a los muyahidines afganos, favoreciendo explícitamente a grupos islámicos militantes.

Los documentos indican que la CIA delegó la gestión operativa a la inteligencia de Pakistán (ISI). Bajo esta alianza, los insurgentes promovieron el cultivo masivo de amapola para financiar la «guerra santa». El caso más documentado por McCoy es el de Gulbuddin Hekmatyar, el líder fundamentalista que más ayuda encubierta recibió de EEUU Operando bajo la protección del ISI, Hekmatyar llegó a controlar al menos seis refinerías de heroína en Baluchistán.

La logística militar estadounidense fue directamente funcional al narcotráfico. Según las fuentes, los camiones de la Célula Logística Nacional (NLC) de Pakistán, que transportaban armas de la CIA (incluyendo misiles Stinger) hacia la frontera afgana, regresaban cargados de heroína. Los documentos del ISI impedían que la policía inspeccionara estos vehículos. El resultado de esta «indulgencia predecible» estadounidense fue catastrófico: la producción de opio en Afganistán saltó de 250 toneladas a principios de la guerra a 2.000 toneladas en 1991, suministrando en los años 80 el 60% de la heroína consumida en el mercado estadounidense.

La expansión del narcoterrorismo a América Latina

El éxito del modelo afgano por Washington lo llevó a replicar el esquema del narcoterrorismo en Centroamérica y Sudamérica durante la década de 1980, en su afán por derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua.

Para financiar a los mercenarios «Contras», la CIA estableció alianzas directas con carteles de la droga. En Bolivia, esta estrategia se dio a conocer como el primer «narcoestado» bajo la dictadura de Luis García Meza y su ministro del Interior, Luis Arce Gómez (1980). Según la investigación, la narcodictadura boliviana produjo cocaína que se vendía en EEUU para financiar la compra de armas destinadas a la guerrilla nicaragüense, esquema supervisado por el Teniente Coronel estadounidense Oliver North.

Sin embargo, el primero «narcoestado» fue con Hugo Banzer Suárez. Varios allegados a Banzer, incluyendo a su yerno Luis Alberto Valle (chito Valle), su esposa Yolanda Prada y su primo Guillermo Bánzer, fueron descubiertos en actividades relacionadas con el narcotráfico. Los escándalos ni se ocultaban. Banzer obsequió a su «delfín», el general Juan Pereda Asbún, 7.200 hectáreas en el noreste cruceño, zona que posteriormente se conocería como Huanchaca. Dato no menor porque sería hasta hoy el caso mas nefasto de violencia del narcotráfico, sometimiento y censura.

Pero este gozaba de la protección de EEUU, por lo que hasta hoy se trata de eliminar esa historia, pero te dejamos un reportaje completo (acá).

Los nazis en Bolivia

Es aquí donde el reclutamiento de criminales de guerra de la Segunda Guerra Mundial cobra relevancia operativa. De acuerdo a la investigación de La Pluma y La Espada, la operación de desvío de dinero de la cocaína boliviana fue articulada estratégicamente por los nazis Klaus Barbie (conocido como el «Carnicero de Lyon») y Otto Skorzeny, quienes operaban bajo el ala de la CIA.

En 1986, el descubrimiento de la megafábrica de cocaína en Huanchaca (Bolivia), donde fue asesinado el científico Noel Kempff Mercado, desnudó esta red. Las fuentes señalan que el gobierno estadounidense controlaba las operaciones a través de agentes de la DEA como Frank Macolini y diplomáticos como David Greenly. Ante el riesgo de un escándalo internacional, políticos bolivianos como Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín negociaron para encubrir la participación de ciudadanos estadounidenses vinculados a la CIA, asegurando la impunidad de las operaciones de Washington en territorio boliviano.

Como indica Alfred W. McCoy, en países como Colombia, la CIA aplicó el mismo manual: desvió fondos antinarcóticos hacia campañas de contrainsurgencia y se alió con élites que respaldaban a paramilitares de derecha profundamente involucrados en el tráfico de cocaína, creando «zonas libres de cumplimiento de la ley» por «necesidad operativa».

NARCOTERRORISMO

La construcción de esta red global de narcoestados y la posterior «Guerra contra las drogas» no solo movieron armas y estupefacientes, sino que ocasionaron sistemáticas violaciones a los derechos humanos, amparadas por la «necesidad operativa» de las agencias de inteligencia.

Como indica Alfred W. McCoy, la complicidad de la CIA y sus aliados dejó un catálogo de atrocidades a nivel mundial:

  • Terrorismo de Estado y tortura: Se documenta cómo aliados de EEUU, como Gulbuddin Hekmatyar en Afganistán, instauraron un «reinado de terror» en campos de refugiados, asesinando a desertores y utilizando ácido contra mujeres estudiantes.
  • Reclutamiento de niños soldado: En Laos, la CIA dependió de las aldeas de la etnia Hmong para realizar una «cosecha anual» de niños de trece y catorce años, obligados a luchar en su ejército secreto para reemplazar las bajas guerrilleras.
  • Masacres contra civiles: McCoy relata matanzas de poblaciones enteras ejecutadas por señores de la guerra como Khun Sa contra aldeas rivales en el negocio del opio, así como tácticas de «carnicería y huida» (butcher and bolt) en la frontera afgana.
  • Represión laboral y a la disidencia: Las operaciones encubiertas financiaron el terror urbano. En Francia, la CIA pagó a bandas criminales en Marsella para asesinar a trabajadores en huelga y hostigar a líderes sindicales. En Vietnam, se apoyó a regímenes que arrestaban a periodistas y cerraban periódicos opositores.
  • Daños a la salud y desplazamiento forzado: En América Latina, la erradicación forzosa impuesta por Washington, mediante fumigaciones aéreas con químicos tóxicos (como el Roundup) en los Andes y Colombia, provocó el desplazamiento masivo de campesinos y generó graves riesgos para la salud humana.
  • Racismo institucional: McCoy subraya que la supuesta «guerra contra las drogas» derivó en un sistema de encarcelamiento masivo dentro de EEUU, aplicando sentencias obligatorias que afectaron de manera desproporcionada y discriminatoria a las poblaciones afroamericanas.

Para escribir las atrocidades que realizó EEUU en Vietnam, Laos, Camboya, se necesita un repaso completo. De todas formas, este es un breve repaso de lo sucedido en Oriente Próximo y Asia.

Narcoterrorismo en Bolivia

Durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1978), el terrorismo de Estado adquirió una dimensión profundamente misógina. Según los documentos de la Comisión de la Verdad, la violencia sexual fue utilizada como una forma sistemática de tortura «para escarmentar a los enemigos del gobierno y disciplinar a una sociedad contestataria» .

El objetivo era la «feminización de la víctima» y la humillación extrema . Miles de mujeres, muchas de ellas embarazadas, sufrieron acoso y vejámenes durante allanamientos y detenciones . En los campos de concentración y casas de seguridad, la desnudez forzada era el rito de iniciación de la tortura .

La crueldad alcanzó niveles inimaginables en Santa Cruz, en el centro de detención «El Pari». Allí existía una celda apodada «El Matadero», administrada por agentes civiles de la Dirección de Investigación Nacional (DIN), como Abraham Baptista . En este recinto no solo se aplicaba «El Potro» (suspender a la víctima en el aire para golpearla con palos de guayabo), sino que se cometían violaciones sistemáticas contra las mujeres detenidas . Fue aquí donde desapareció Leslie Andreuzzi Vaca Diez en 1971 .

La Comisión de la Verdad de Bolivia, al investigar los crímenes de lesa humanidad ocurridos entre 1964 y 1982, reveló que bajo regímenes como el de Hugo Banzer Suárez, la violación y la degradación sexual no fueron «excesos» aislados de guardias indisciplinados, sino una política de Estado diseñada para aniquilar la resistencia. Esta es la crónica de un periodo donde la Agencia Central de Inteligencia (CIA), criminales nazis y militares bolivianos orquestaron una maquinaria de muerte que dejó 363 asesinatos verificados y 164 desapariciones forzadas. Puedes leer el reportaje entero acá.

El reciclaje de nazis, fascistas y mafias en Asia y Medio Oriente

Para comprender cómo las agencias de inteligencia de Estados Unidos articularon la red global del narcoterrorismo, es fundamental revisar la génesis de su política de reclutamiento durante la Guerra Fría. Según los documentos y fuentes de la investigación, la lógica de Washington fue implacable: cualquier enemigo del comunismo era un aliado útil, sin importar si se trataba de un oficial de la Gestapo, un fascista confeso o un gángster internacional.

El origen de la estrategia: La OPC y el reclutamiento nazi


La Oficina de Coordinación de Políticas (OPC), el brazo de acción encubierta de la CIA fundado por Frank Wisner, se dedicó activamente en la posguerra a reclutar exmiembros de la Alemania Nazi —muchos de ellos criminales de guerra— para operar tras las líneas soviéticas en Europa. Esta filosofía no se limitó al territorio europeo. Los documentos señalan que los agentes de la división del Lejano Oriente de la OPC estaban «curtidos» por su trabajo previo con exnazis y diversos fascistas. Esta misma matriz se trasladó directamente a Asia, donde la CIA aplicó la lógica de aliarse con «narco-señores» de la guerra en el sudeste asiático.

La conexión corsa y la herencia de la Gestapo


La investigación de MacCoy revela que gran parte de la infraestructura inicial del tráfico de drogas hacia Asia estuvo en manos de criminales que sirvieron al nazismo. Muchos líderes de los sindicatos criminales corsos en Marsella, que habían colaborado abiertamente con la Gestapo durante la ocupación alemana de Francia, migraron posteriormente a Indochina.

Estos grupos establecieron redes logísticas que transportaban la base de morfina desde el sudeste asiático hacia laboratorios en Europa. Destacan figuras como Auguste Joseph Ricort, un gángster nacido en Marsella que trabajó con la Gestapo en la Segunda Guerra Mundial y terminó liderando redes de contrabando masivo de heroína. Aunque Ricort operó fuertemente en América Latina, la evidencia muestra que estableció vínculos directos con los suministros en Asia conforme las fuentes tradicionales se agotaban. Asimismo, los documentos identifican a Lars Bugatti, un exoficial de la Gestapo, operando como un importante y protegido traficante de drogas con conexiones internacionales.

La «Gestapo China» y los regímenes cuasi-fascistas


El pragmatismo estadounidense también se apoyó en estructuras totalitarias locales. En Asia oriental, oficiales de inteligencia estadounidenses describieron al jefe de la policía secreta del generalísimo Chiang Kai-shek, el general Tai Li, como el líder de una auténtica «Gestapo china».

Según la investigación, su organización utilizó a la mafia local conocida como la Green Gang (Banda Verde) de Shanghái para labores de espionaje, sabotaje y guerra política. Previamente, líderes de esta red criminal, como Tu Yueh-sheng, ya se habían congraciado con fascistas franceses en Marsella, obteniendo protección política a cambio de reprimir brutalmente manifestaciones obreras.

En el sudeste asiático, las alianzas se forjaron con regímenes que compartían esta misma matriz ideológica:

  • Tailandia y el Imperio Japonés: Durante la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro Phibun Songkhram implementó un «programa cuasi-fascista» y se alió con el Imperio Japonés. Como indican los documentos, utilizó esta estructura militar para expandirse hacia los estados Shan de Birmania. Estas alianzas forjaron los corredores de transporte de opio que se mantuvieron activos durante décadas y que dieron origen al famoso «Triángulo Dorado».
  • Vietnam del Sur: En la década de 1960, el Mariscal del Aire Nguyen Cao Ky se consolidó como una figura clave en el tráfico de opio y en un aliado estratégico de la CIA en la región. Las fuentes documentan que Cao Ky no ocultaba su ideología, llegando a expresar públicamente su «profunda admiración por Adolf Hitler».

Expansión hacia el Cercano Oriente


Esta red de crimen organizado, amparada por su utilidad anticomunista, también extendió sus tentáculos hacia Medio Oriente. Según las fuentes, los mismos sindicatos corsos —con sus antecedentes de colaboración nazi en Marsella— establecieron operaciones encubiertas en el Cercano Oriente desde épocas tempranas, instalando, por ejemplo, burdeles con personal francés en El Cairo (Egipto) como parte de una estrategia para expandir sus redes de vicio, financiamiento y poder político en la región.

En suma, los datos demuestran que la red global del narcotráfico no solo fue tolerada por las agencias de inteligencia estadounidenses, sino que fue edificada estratégicamente sobre los cimientos y el personal del fascismo internacional, la Gestapo y el Imperio Japonés, consolidando un ecosistema criminal en Asia y Medio Oriente que luego sería replicado en América Latina.

La paradoja de la cocaína boliviana y la hipocresía estadística

Hoy en día, el discurso oficial que estigmatiza a Bolivia o Venezuela como ejes absolutos del narcotráfico choca frontalmente con las estadísticas internacionales y la geopolítica militar estadounidense.

Según los datos del reciente Informe Mundial sobre las Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en 2023 la fabricación mundial de cocaína alcanzó el récord de 2.757 toneladas. Los datos duros indican que Colombia concentra el 61% de la producción mundial, seguido por Perú con el 26%. Bolivia ocupa el tercer lugar con apenas el 13%.

La paradoja radica en la militarización: Colombia y Perú albergan una profunda presencia militar estadounidense. En Perú se realizan constantes ejercicios como el «Resolute Sentinel 2023», y miles de sus militares han sido formados en la cuestionada Escuela de las Américas (SOA/WHINSEC). Pese a esta intervención directa bajo el pretexto antinarcóticos, la producción de droga en estos países aliados de Washington sigue batiendo récords.

Asimismo, los documentos de la UNODC evidencian que Estados Unidos es el epicentro del problema global de las drogas. Las ventas minoristas de narcóticos en EEUU generaron 146.000 millones de dólares en 2016 (casi cinco veces más que toda la Unión Europea), convirtiendo al mercado estadounidense en el verdadero motor financiero de los cárteles. Además, la presión de EEUU suele recaer sobre países como Venezuela que, según la UNODC, no es un país productor sino de tránsito, revelando que las acusaciones de «narcoestado» obedecen más al control de las mayores reservas de petróleo del mundo que a la incautación de estupefacientes.

Complemento: el papá de Presidente

En 1989 se realizan nuevas elecciones, el defensor de los narcoestadounidenses Gonzalo Sánchez de Lozada gana las elecciones,pero no con el 50%, siendo 3ro Jaime Paz Zamora visto como un advenedizo se hace de la presidencia con el apoyo de Hugo Banzer Suarez. No es menor que el partido de Paz Zamora haya sido Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). A cuyos miembros Banzer persiguió, amenazó e inclusive la dictadura asesinó. La moral e ideología de Paz Zamora fue y es cuestionable desde un inicio.

Jaime Paz Zamora, traidor a la izquierda y neoliberal

Paz Zamora estuvo vinculado en varios casos, se debe señalar dos por la cantidad de implicados.

Durante la gestión de Paz Estensoro en 1987 se creó el Centro de Operaciones Especiales (COPES) dentro de la Policía boliviana. Financiado EEUU con tres millones de dólares anuales, para combatir el narcotráfico. Su primera tarea fue investigar a fiscales antidroga sospechosos de corrupción, lo que llevó a que EEUU ejerciera un control directo sobre ellos, sometiéndolos a interrogatorios con detectores de mentiras y entrenándolos en Costa Rica.

Estos fiscales terminaron dependiendo de la embajada estadounidense, que influía en su designación, remoción y pagos adicionales. La justicia antidrogas pertenecía al país de Norteamérica.

Jaime Paz decidió ejercer control sobre las COPES, tal vez un gesto que desagradó a EEUU y lo haría pagar de alguna forma. Con Guillermo Capobianco como ministro de Gobierno y Raúl Loayza como subsecretario del Interior, fue creada la Jefatura Nacional de Inteligencia, dentro del Ministerio de Gobierno, para controlar desde allí a todos los servicios de inteligencia de la Policía. El jefe nacional de Inteligencia fue Carlos Valverde Bravo, conocido actualmente como un periodista «mal hablado», defensor de la justicia y que escribió un libro acusatorio sobre el narcotráfico, ocultando los detalles irregulares de su gestión.

Narco-estatuillas

En 1993 se descubrió una red de narcotráfico liderada por Jesús Hernando Gutiérrez Mansilla, «Nando». Vinculada al caso «Narco Statue» (narco-estatuillas), donde se halló cocaína oculta en estatuas destinadas a exportación. Carlos Valverde Bravo fue implicado por el fiscal José Nemtala, acusado de entregar una credencial que supuestamente facilitó movimientos ilegales del acusado, aunque Valverde afirmó que fue para trasladar un vehículo blindado ofrecido al Gobierno.

Juan del Granado (MBL), Oliverio Iriarte (MNR) y Ricardo Paz (CONDEPA), que conformaron una comisión parlamentaria excluyeron a Valverde y a Susana Seleme, quien fue secretaria de Jaime Paz del caso, evitando que fueran sometidos a juicio.

Es importante anotar que el padre de Carlos Valverde Bravo, Carlos Valverde Barbery, fue exsenador y exministro del gobierno de Hugo Banzer, además de fundador de la Unión Juvenil Cruceñista. Como anotamos el primer narcoestado financiado por EEUU. Tampoco fue investigado y fue libre de todo lo relacionado con la cocaína, una familia con cercanía a los gobiernos vinculados con el narcotráfico.

Narcovilculos  

En 1994 la Policía antidroga detuvo a Carmelo Meco Domínguez, confeso narcotraficante, además a Isaac “Oso Chavarría”, considerado por los organismos antinarcóticos uno de los mayores traficantes de cocaína del país.

Domínguez denunció que él y su compadre Chavarría entregaron dinero a los dirigentes del MIR para financiar las campañas electorales de ese partido a cambio de protección. Desde Banzer vemos que narcotrqaficantes financian politicos.

Detuvieron a Oscar Eid Franco, jefe del partido fundado por Paz Zamora, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), para que sea sometido a un proceso judicial por delitos de encubrimiento a presuntos narcotraficantes.

Dentro del caso también las hermanas de Paz Zamora fueron implicadas, Rosario y Edith Paz Zamora, además de Samuel Doria Medina. Este último, Doria Medina, no solo tuvo nexos narco, también multiplicó su fortuna en ese gobierno y llegó a vender la mayoría de las empresas bolivianas como ministro de Planeamiento y Coordinación (Economía). Dejando un Estado débil, sin producción y dinero. Todos los ministros de Paz Zamora fueron denunciados e investigados por un caso u otro.

El único que pagó cárcel fue Oscar Eid Franco, siendo la primera vez que alguien cercano al gobierno ingresa a un centro penitenciario. Tan solo fue cuatro años.

El 13 de enero de 1996 cuando Paz Zamora era ya ex presidente, EEUU le revocó la visa, una medida que nunca antes le había ocurrido a un expresidente boliviano. Cinco días después, Paz Zamora dijo que Estados Unidos tenía derecho a tomar esa decisión.

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