La decisión del Gobierno nacional de eliminar el Ministerio de Culturas, Descolonización y Turismo para degradarlo a una simple Agencia Nacional de Culturas y Turismo ha desencadenado una ola de indignación y preocupación en todo el país. La medida, justificada por el Ejecutivo como un plan de austeridad y eficiencia, es calificada por los actores del sector como un golpe demoledor contra la identidad, el patrimonio y la economía boliviana.
La dura crítica desde Oruro: Un vaciamiento legal
Desde la Secretaría Departamental de Cultura y Turismo de Oruro, su titular, Rolo Barrientos, fue contundente al calificar la determinación gubernamental como un “desacierto total” y una “vergüenza” que deja al sector en la absoluta orfandad.
Barrientos lanzó una frase que resume la contradicción de la política oficial: “La verdad que para nosotros es una pena… se habló de Ministerio de Turismo Sostenible y ni siquiera el propio Ministerio ha podido sostenerse”.
El funcionario orureño alertó sobre el grave vacío normativo y la inviabilidad legal que provoca esta reestructuración:
- Afectación a la Ley 500: El Festival Nacional de la Canción exige la promoción y difusión directa del Ministerio de Culturas, no de una agencia.
- Vulneración de la Ley 530 de Patrimonio: La normativa establece que las declaratorias de patrimonio en riesgo y los vistos buenos para la restauración son competencia exclusiva del ministerio.
- Pérdida de voz en el Gabinete: El sector pierde representación directa ante el presidente Rodrigo Paz. “¿Quién va a ir a hablar ahora sobre cultura y turismo? Nos están cercenando nosotros mismos y los países vecinos deben estar alegres de que nos hayamos convertido en una simple agencia”, sentenció Barrientos.
Incertidumbre en el sector privado y gestores culturales
El rechazo no se limita a las gobernaciones. Desde la Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur), su presidente, Luis Ampuero, expresó una profunda inquietud, recordando que la tendencia mundial es potenciar el turismo como un motor estratégico generador de empleo y divisas, no debilitar su institucionalidad.
Por su parte, el gestor cultural Ángelo Jové, citado en La Razón, remarcó la incertidumbre que reina entre los artistas y trabajadores del sector. Jové advirtió que una “agencia” carece de la jerarquía necesaria para formular políticas públicas de alcance nacional, administrar fondos de fomento y coordinar la preservación de la riqueza cultural de Bolivia.
En el ámbito político, el diputado Alejandro Reyes sostuvo que el país perderá capacidad operativa, mientras que la diputada Catherine Pinto exigió que el Ejecutivo demuestre que no se trata de un desmantelamiento programado.
La defensa del Gobierno frente al reproche filosófico
Frente a la tormenta de críticas, el vocero presidencial, José Luis Gálvez, salió en defensa del Gabinete de Rodrigo Paz, asegurando que la creación de la agencia busca “simplificar la estructura estatal, reducir la burocracia y ejecutar políticas con mayor rapidez”. Según Gálvez, la cultura y el turismo seguirán siendo prioritarios en la nueva agenda.
Sin embargo, el argumento técnico de la “eficiencia” choca con el valor simbólico e histórico de la cultura. El pensador y filósofo boliviano Rafael Bautista sintetizó el sentir de los movimientos artísticos y la sociedad civil con una sentencia lapidaria difundida en sus redes sociales: “Un gobierno que no honra su cultura, deshonra su propia nación”.
La degradación del ministerio a una agencia no solo abre un conflicto competencial con leyes nacionales y gobiernos subnacionales como la Gobernación de Oruro —Capital del Folclore de Bolivia—, sino que deja en evidencia la fragilidad de un plan gubernamental que prometió sostenibilidad y terminó recortando las bases de la propia identidad nacional.
*Imagen al estilo original de Quino generada con IA.
