Samuel Doria Medina denuncia que el gobierno de Rodrigo Paz está involucrado en el narcotráfico

Samuel Doria Medina denuncia que el gobierno de Rodrigo Paz está involucrado en el narcotráfico

La crisis política en Bolivia escaló a niveles inéditos luego de que el empresario y político Samuel Doria Medina denunciara públicamente que el gobierno del presidente Rodrigo Paz se encuentra salpicado por indicios de narcotráfico y corrupción institucional[1]. Las afirmaciones, formuladas durante una entrevista concedida a medios de comunicación, marcan un punto de quiebre definitivo en la correlación de fuerzas del oficialismo y confirman las sospechas sobre la penetración de economías ilegales en las altas esferas del poder.

La ruptura de la alianza y el fantasma de los recursos ilícitos

Las declaraciones de Doria Medina apuntan de manera directa a la existencia de sectores dentro del Ejecutivo que habrían instrumentalizado la gestión pública para el beneficio económico personal y de redes prebendales. Según advirtió el líder político, existen situaciones anómalas que “huelen a gasolina y dinero sucio”, convirtiéndose en un obstáculo insalvable para quienes pretendían sanear la administración del Estado.

Este posicionamiento crítico coincide con la revelación de múltiples grabaciones filtradas que comprometen a operadores cercanos a Palacio de Gobierno. Entre ellos figuran los audios atribuidos al exasesor Fernando Cerimedo y al ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, quienes fueron descubiertos coordinando un operativo clandestino de persecución con un presupuesto irregular de siete a ocho millones de bolivianos extraídos de recursos generales del Estado.

Conexiones con la trama de operaciones paralelas y fondos fiscales

Las denuncias sobre la presencia de redes narcotraficantes y de corrupción estructural cobran mayor sustento al vincularse con los hallazgos recientes del Ministerio Público y las pesquisas internacionales. La filtración de audios sobre el uso de recursos fiscales para financiar misiones parapoliciales al margen de la ley expone un nivel de descomposición institucional donde las fronteras entre la administración pública y las operaciones delictivas se difuminan peligrosamente.

Mientras desde el Ejecutivo intentan contener el desgaste político mediante reestructuraciones en el gabinete y en la Fiscalía General, liderada ahora por José Armando Urioste, las revelaciones de aliados convertidos en críticos demuestran que las estructuras de poder se tambalean bajo el peso de sus propias contradicciones financieras y operativas.