A menudo, los bolivianos nos vestimos de gala, encendemos teas y lanzamos fuegos artificiales para celebrar los gritos libertarios de nuestras ciudades. Pero, ¿te has preguntado alguna vez por qué festejamos con más fervor una revolución que el día exacto en que nuestra ciudad nació?
Para encontrar respuestas , conversamos en exclusiva con Pablo Michel, destacado historiador y documentalista boliviano. En una reveladora y emotiva entrevista original, Michel nos invita a quitarle el velo al chauvinismo y a repensar nuestra historia desde otra mirada.
El cumpleaños frente al aniversario: Una metáfora diferente
Imagina tu propia vida. ¿Cuál es la fecha más importante para ti a nivel personal? ¿Tu graduación universitaria? ¿Tu matrimonio? ¿O el día en que naciste?
Para Pablo Michel, la respuesta es clara: “A cualquier ser humano, la fecha más importante es su cumpleaños. Los otros son aniversarios de eventos”. Sin embargo, en la historia de Bolivia, damos más importancia a otro suceso.
Tomemos el caso de La Paz. Cada mes de julio, la ciudad vibra celebrando la Revolución del 16 de julio de 1809. Sin embargo, para nuestro querido historiador, la brújula histórica debería apuntar a otro norte: “Deberíamos festejar el 20 de octubre (de 1548), porque esa es la fecha en que la ciudad es fundada. Para mí, ese es nuestro cumpleaños, ahí nacemos. La revolución es simplemente un evento que ocurre en una ciudad que ya existía cientos de años antes”.
Este fenómeno no es exclusivo de La Paz. Se repite en Tarija, Potosí, Cochabamba y en todo el territorio nacional. Pero, ¿cómo llegamos a borrar nuestras fechas de nacimiento de la memoria emotiva del país?
1825: El “Año Cero” y la satanización de nuestras raíces
Michel explica que, tras la creación de Bolivia el 6 de agosto de 1825, ocurrió un fenómeno psicológico y político que moldeó nuestra mente colectiva. Se instaló la idea de un “año cero”. Todo lo que oliera a español debía ser desechado, minimizado o destruido.
- “Se trató de quitarle importancia a las fundaciones de las ciudades porque fueron fundadas por españoles”, señala el documentalista.
- La narrativa antihispánica cobró tal fuerza que “decir español era una mala palabra”.
- Incluso la arquitectura sufrió este rechazo: se intentó demoler o alterar el estilo barroco español de las casas coloniales. La música, las costumbres y hasta la moda sufrieron un afrancesamiento para alejarse de la herencia hispánica.
La mano invisible de Inglaterra y la Masonería
Durante la entrevista, Pablo Michel nos entrega una de las pistas más fascinantes de este rompecabezas histórico. La satanización de España no fue una casualidad, sino el resultado de intereses geopolíticos de la época, fuertemente influenciados por la corona inglesa y la masonería.
“La masonería estaba en contra de lo monárquico y de lo absolutamente católico (…) Inglaterra trató de destrozar por todos los medios a España, que era su gran rival”, revela. Esta “leyenda negra” se extendió desde México hasta Argentina, haciendo creer que la historia se resumía a los “españoles malvados” colonizando América, cuando en realidad, éramos parte de un tejido mucho más complejo de virreinatos y reinos bajo un solo imperio acorde a Michel.
Una perspectiva que recae en la interpretación
Pablo Michel nos regala en esta entrevista su mirada sobre las poblaciones indígenas durante las guerras de independencia. Analiza el desplazamiento de los pueblos originarios al apartar España.
- Cuando se firma la independencia en 1825, muchas comunidades indígenas (quechuas, chiquitanos, guaraníes, mojeños) lloraron, porque habían jurado profunda lealtad a la corona y al rey, según su perspectiva.
- Durante la contienda, hubo tropas indígenas luchando valientemente a favor de la monarquía española.
- Irónicamente, del otro lado, muchos blancos y criollos españoles lideraban las tropas independentistas impulsados por visiones políticas y liberales inglesas.
Eran familias divididas, padres contra hijos, hermanos contra hermanos. No fue una lucha de razas, fue una fractura del alma de una nación en gestación seg´n explica.
Hacia la reconciliación con nuestro pasado
Previo a 1825, las fundaciones de las ciudades sí se celebraban con gran júbilo, profundamente entrelazadas con actitudes antiespañolas. Cada vez se impulsa más otra mirada; es momento de madurar como sociedad.
Con la sabiduría que le otorga su trayectoria, Pablo Michel mira hacia el futuro con esperanza: “Nosotros somos resultado de dos fuerzas muy grandes: la autóctona y la española (…). Soy un convencido de que, con los años, se hará justicia en su real dimensión, reconociendo las luces y las sombras”.
Celebrar nuestras independencias es hermoso y necesario. Es nuestro aniversario de libertad. Pero abrazar nuestras fundaciones es reconciliarnos con nuestro verdadero cumpleaños. Es hora de dejar de renegar de la mitad de nuestra sangre y empezar a amar nuestra historia completa acorde al historiador.
