El Estado de Excepción no devuelve la normalidad: Bolivia paralizada por la falta de gasolina y bloqueos urbanos

El Estado de Excepción no devuelve la normalidad: Bolivia paralizada por la falta de gasolina y bloqueos urbanos

Falta gasolina. El fin de los más de 50 días de bloqueos de carreteras —sofocados bajo la declaratoria de Estado de Excepción y militarización del gobierno de Rodrigo Paz— no trajo consigo el alivio esperado para la población. Aunque las vías interdepartamentales se encuentran despejadas, Bolivia amaneció este lunes paralizada por un colapso energético crónico: no hay gasolina ni diésel en las estaciones de servicio.

La promesa gubernamental de que el despliegue de las Fuerzas Armadas garantizaría el abastecimiento inmediato chocó de frente con la realidad. En ciudades de todo el país, miles de conductores que llevan hasta siete días durmiendo en sus vehículos han comenzado a bloquear calles y avenidas en señal de desesperación, demostrando que la crisis está lejos de superarse.

La Paz y El Alto: Bloqueos urbanos y enfrentamientos vecinales por falta de gasolina

La indignación estalló a primeras horas del lunes. En El Alto, transportistas bloquearon la estratégica avenida 6 de Marzo, que conecta con Oruro, tras esperar más de una semana por una cisterna. La Policía tuvo que intervenir para dialogar y despejar la vía temporalmente.

En La Paz, el panorama se tornó violento. Conductores cerraron la calle 0 de Obrajes y la Costanerita (Zona Sur). Al promediar las 09:45, vecinos y transeúntes, agotados por la falta de transporte, comenzaron a retirar las piedras de la calle por la fuerza, desatando gritos y empujones con los transportistas. Mientras tanto, en zonas como Miraflores, San Antonio, Pampahasi y San Pedro, las kilométricas filas de vehículos permanecen inamovibles.

Cochabamba, Santa Cruz y Beni: un país en reserva

La crisis no se limita al occidente. En Cochabamba, ex epicentro de los conflictos sociales, las filas continúan en surtidores como el de Cala Cala, donde conductores llegan desde zonas alejadas como Tiquipaya buscando algunos litros de gasolina.

En Santa Cruz, donde los bloqueos previos no afectaron directamente las rutas de importación, el desabastecimiento es severo, confirmando que el problema es estructural.

En el norte, la capital de Beni (Trinidad) vive un escenario crítico. De los cinco surtidores de la ciudad, solo uno (Pompeya, administrado por YPFB) atendió el fin de semana, provocando embotellamientos masivos. En el sur del país, conductores cerraron la carretera Tupiza – Villazón (Potosí) exigiendo la regularización inmediata del carburante.

La justificación del Gobierno ante la falta de gasolina : “No saldrá ni una gota contaminada”

Ante el caos generalizado, el ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, inspeccionó la planta de Senkata en El Alto, donde anunció el ingreso de más de medio centenar de cisternas. Sin embargo, pidió “paciencia” a la población, argumentando que el combustible no será distribuido inmediatamente.

“Tenemos las instrucciones del presidente Paz Pereira de que no puede salir una gota de gasolina contaminada. Combustible hay, pero tenemos que verificar la calidad y aguardar los resultados de laboratorio”, justificó Blanco.

El ministro atribuyó el desabastecimiento casi exclusivamente a los más de 50 días de bloqueos que “le han hecho tanto daño a la patria”, asegurando que unos 300 camiones cisterna ya se desplazan desde el eje central. Finalmente, lanzó una advertencia a los sectores movilizados en las ciudades: recordó que la Ley de Estado de Excepción se encuentra vigente, exhortando a no realizar nuevos cortes urbanos bajo amenaza de intervención estatal.

El escenario de este lunes confirma una dura realidad: mientras el Estado de Excepción logró despejar las carreteras por la fuerza, fue incapaz de resolver el desastre económico de fondo. Bolivia sigue paralizada, ya no por piedras en las rutas, sino por surtidores vacíos.

es_ARSpanish