El espejismo de la soya en Bolivia: Un modelo de deforestación ilegal, subsidios insostenibles y rentabilidad en caída libre

El espejismo de la soya en Bolivia: Un modelo de deforestación ilegal, subsidios insostenibles y rentabilidad en caída libre

El 90% de los desmontes en territorios indígenas son ilegales. El cultivo de soya en Bolivia, es deforestación, lejos de ser el “grano de oro”, se ha convertido en un negocio subsidiado que fracasa tanto en Bolivia como en EEUU.

En el noreste de Santa Cruz, el territorio indígena Monte Verde es el epicentro de una tragedia silenciosa. Tras los voraces incendios de 2024, lo que parecía el fin de la pesadilla fue solo el inicio de una embestida mayor: el avasallamiento y la tala ilegal. Según un reportaje de Nelfi Fernandez Reyes de la Red Ambiental de Información (RAI), en alianza con Amazonía Traficada, el bosque no solo muere por el fuego, sino por la motosierra clandestina que avanza al margen de la ley.

Pueden leer el reportaje de la RAI titulado Más de 9 mil hectáreas de tala ilegal: la maquinaria del desmonte que une permisos estatales y tráfico de tierras en territorio indígena de Bolivia (haciendo clic acá). RECOMENDADISIMO.

El desmonte ilegal: La regla, no la excepción, la soya es sininimo de deforestación en Bolivia

El análisis geoespacial de la RAI es contundente: en los 48 territorios indígenas de la Amazonía boliviana, se desmontaron 186 576 hectáreas en las últimas dos décadas. De ese total, apenas 17 900 contaban con autorización de la Autoridad de Bosques y Tierras (ABT). Es decir, nueve de cada diez hectáreas fueron taladas ilegalmente.

En Monte Verde, el patrón es alarmante. De las 13 100 hectáreas perdidas, el 71% ocurrió fuera de cualquier marco legal. Este desmonte es impulsado, en gran medida, por el uso abusivo del Plan de Desmonte 20 (PDM20), una normativa que, según expertos, facilita la fragmentación del bosque para disfrazar la extracción de madera de alto valor y la posterior expansión de monocultivos.

La soya en Bolivia a pesar de la deforestación el negocio no cierra las cuentas

El discurso oficial ha posicionado a la soya como el motor de la economía boliviana. Sin embargo, la realidad técnica contradice esta narrativa. En el foro organizado por la Fundación TIERRA, el investigador Marco Patiño advirtió que el modelo agroexportador boliviano es extensivo, no eficiente. Mientras Brasil y Argentina logran rendimientos superiores a las 3 toneladas por hectárea, Bolivia apenas alcanza 1.97 toneladas.

La rentabilidad es un mito para el pequeño productor. Como señala Stanislaw Tadeusz Czaplicki Cabezas en “Desmitificando la agricultura familiar en la economía rural boliviana”, la soya impone asimetrías de escala y una dependencia asfixiante de capital externo. A esto se suma el informe de la Asociación de Productores de Soja de EEUU (ASA), que confirma que, incluso en EEUU, el cultivo enfrenta su tercer año consecutivo de rentabilidad negativa, sobreviviendo únicamente gracias a subsidios estatales.

Un modelo sostenido por el subsidio estatal

Si la soya no es rentable por sí misma, ¿por qué se expande? La respuesta está en el financiamiento estatal. Según datos recopilados, el sector soyero se beneficia de:

  • Subsidios a los hidrocarburos: Se estima que en la campaña 2022/23, el sector recibió entre 300 y 350 millones de dólares en subvención al diésel.
  • Créditos preferenciales: Programas como los de EMAPA han ofrecido tasas de interés del 0% al 4% para integrar a productores al complejo agroindustrial.
  • Inversión en infraestructura: Proyectos como “Tierras Bajas del Este” y las nuevas inversiones de 2.000 millones de dólares para biodiesel consolidan un modelo que prioriza la exportación sobre la seguridad alimentaria.

Con el supuesto fin del subsidio a los hidrocarburos en Bolivia, la pregunta se hace más evidente. ¿Puede sobrevivir la soya sin subsidio?

El costo ambiental: Una crisis multidimensional

La expansión de la soya es el principal motor de la deforestación en Bolivia. El informe “A Fuego y Mercurio” de OXFAM subraya que esta actividad genera una crisis ecológica que destruye la biodiversidad. Por su parte, Gustavo Medeiros en “Los Barones del Oriente” advierte sobre la degradación irreversible del suelo debido al monocultivo intensivo.

Para los indígenas chiquitanos, como Isabel Surubí, la soya no es progreso, es despojo. La expansión de este cultivo en territorios indígenas —que pasó de una hectárea en 2021 a 238 en 2024 en Monte Verde— es el resultado de una red de tráfico de tierras donde el avasallamiento abre el espacio físico y el tráfico lo convierte en mercancía.

Un futuro comprometido

El modelo actual empuja a los productores a un cultivo que, tanto en Bolivia como en EEUU, muestra márgenes negativos y una dependencia estructural de los subsidios. El país debe cuestionarse seriamente: ¿cuánto dinero ingresa realmente al Estado tras descontar el costo ambiental y los subsidios masivos?

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