¿A qué país de Latinoamérica ayudó el FMI, ayudará a Bolivia?

¿A qué país de Latinoamérica ayudó el FMI, ayudará a Bolivia?

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha vuelto a tocar las puertas de Bolivia. Tras meses de negociaciones y un profundo desgaste macroeconómico, el personal técnico del organismo y las autoridades bolivianas alcanzaron un acuerdo a nivel técnico para un programa de 36 meses bajo el Servicio Ampliado del FMI (SAF) por aproximadamente 1.900 millones de dólares. Con la promesa de catalizar al menos 5.000 millones adicionales de socios como el Banco Mundial y el BID, el gobierno boliviano se adentra en una ambiciosa agenda de reformas estructurales que incluye la racionalización del gasto, la consolidación fiscal, la modernización del régimen cambiario y el fortalecimiento de la independencia operativa del Banco Central.

La llegada de un nuevo programa del FMI a Bolivia reabre un debate histórico en la región: la eficacia real de las recetas de austeridad y ajuste estructural. Si se evalúa la trayectoria del organismo multilateral en América Latina y el mundo, la pregunta que surge de manera inevitable es: ¿A qué país de Latinoamérica ayudó el FMI?

Gigantes endeudados: El peso del FMI sobre Argentina y Ecuador

Para entender el alcance de los programas del Fondo, es imperativo mirar a los dos socios más endeudados de la región: Argentina y Ecuador. Ambos países reflejan con crudeza las tensiones entre la ortodoxia fiscal exigida por Washington y la cruda realidad social de sus poblaciones.

Argentina se mantiene firmemente como el principal deudor del FMI a nivel mundial, albergando más de un tercio de la cartera total del organismo. Con un crédito pendiente de 59.147 millones de dólares (equivalentes a 42.552 millones de DEG, representando el 35% de los fondos globales del Fondo), la nación austral supera por más de cuatro veces la deuda de Ucrania, un país en plena guerra. En este escenario, la administración de Javier Milei ha apostado por un plan de motosierra y ajuste fiscal severo.

Datos

Si bien los voceros del gobierno libertario celebran una supuesta desaceleración inflacionaria y una baja inicial en la pobreza, los datos económicos y los modelos privados proyectan una realidad distinta. Según el Nowcast de Pobreza elaborado por Martín González-Rozada para la Universidad Torcuato Di Tella —un indicador adelantado de referencia respetado incluso por el propio Milei—, la pobreza en Argentina volvió a repuntar tras un rebote estadístico inicial, afectando a cerca del 30% de la población (31,8% en el bimestre abril-mayo de 2026). Estudios complementarios del CEDLAS y centros de investigación laboral advierten que el enfriamiento de la economía, sumado al deterioro de los ingresos reales de los hogares, demuestra que el ajuste no ha logrado traducir los superávit fiscales en bienestar social sostenible.

Por su parte, Ecuador ocupa el segundo lugar en la región en compromisos con el organismo, con una deuda que ronda los 9.894 millones de dólares. Bajo la administración de Daniel Noboa, el país opera bajo un régimen de dolarización que elimina los amortiguadores monetarios, haciendo que el pago de la deuda externa compita directamente con el gasto social. Aunque el presidente Noboa aseguró recientemente ante la Asamblea Nacional que la pobreza se redujo a un histórico 21,4% al cierre de 2025, informes de verificación de datos (Lupa Media) y análisis metodológicos aclaran que dicha reducción responde a la aplicación técnica de la línea de pobreza por ingresos del INEC (fijada en un umbral de apenas 92,40 dólares mensuales por persona), un parámetro estadístico aplicado durante los últimos 18 años que no implica, por sí solo, que una persona haya alcanzado condiciones adecuadas de vida, mientras las mediciones multidimensionales de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) muestran estancamiento.

Países más endeudados con el FMI de Latinoamérica y el Mundo

Países del mundo con mayor deuda con el FMI

N.°PaísDeuda Total con el FMI (en millones de USD aprox.)% de la Deuda respecto al total de la cartera / Contexto
1Argentina~$60.176 millonesRepresenta aproximadamente el 35% del total de la cartera global del FMI. Es, por amplio margen, el mayor deudor histórico del organismo
2Ucrania~$15.481 millonesSegundo mayor prestatario mundial[1], fuertemente respaldado debido a la emergencia y reconstrucción por el conflicto bélico
3Egipto~$10.669 millonesEnfrenta recurrentes presiones cambiarias y déficits fiscales estructurales
4Pakistán~$10.500 millonesSu economía se sostiene mediante programas de rescate recurrentes para evitar suspensiones de pagos.
5Ecuador~$10.082 millonesPrincipal deudor en Sudamérica después de Argentina, operando bajo un modelo dolarizado sin amortiguadores monetarios propios.
6Costa de Marfil~$5.189 millonesLa nación africana con mayor exposición crediticia actual ante el organismo
7Kenia~$4.216 millonesSujeta a programas de ajuste fiscal condicionados a la recaudación y reformas internas
8Bangladesh~$4.157 millonesDependiente de líneas de crédito para estabilizar su balanza de pagos ante shocks externos
9Ghana~$3.947 millonesSometida a estrictos procesos de reestructuración de deuda soberana y programas de rescate
10Angola~$3.510 millonesEconomía altamente dependiente de ingresos petroleros que recurre al Fondo para mitigar vulnerabilidades fiscales.

Países de LAtam con mayor deuda con el FMI

N.°País de LATAMDeuda Aprox. con el FMI (en USD)Contexto Regional
1Argentina~$57.722 millonesEncabeza por amplio margen el endeudamiento regional y mundial con el organismo, concentrando más del 35% de la cartera global del FMI.
2Ecuador~$9.874 millonesEl segundo mayor prestatario de América Latina con el Fondo, condicionado por su economía dolarizada y necesidades de ajuste fiscal.
3Costa Rica~$2.406 millonesMantiene programas de financiamiento orientados a servir como ancla de credibilidad fiscal y estabilización macroeconómica.
4Jamaica~$1.204 millonesCon un historial prolongado de programas de asistencia, mantiene compromisos significativos en relación con su PIB.
5Honduras~$619 millonesReccurre al organismo bajo líneas de crédito orientadas al fortalecimiento de reservas y equilibrio fiscal.
6Surinam~$584 millonesAunque su monto absoluto es menor, presenta la mayor dependencia relativa de la región (cerca del 10% de su PIB) debido a reestructuraciones pasadas.
7Barbados~$540 millonesSometido a programas de rescate y reformas macroeconómicas estructurales.
8Paraguay~$314 millonesMantiene una exposición menor y bajo riesgo relativo dentro de sus cuentas con el organismo.
9El Salvador~$233 millonesUtiliza programas del Fondo para sostener trayectorias fiscales y negociar liquidez.
10Haití~$204 millonesRecibe asistencia crediticia de carácter altamente concesional debido a su profunda fragilidad institucional y social.

El espejo retrovisor: La historia de las crisis y el sesgo recesivo

La desconfianza hacia el FMI en América Latina no es ideológica, sino histórica. Como relata un extenso análisis de la BBC del 2019, el organismo nació en la Conferencia de Bretton Woods (1944) con la misión inicial de otorgar asistencia a corto plazo para crisis puntuales de liquidez y defender el valor de las monedas. Sin embargo, tras el abandono del patrón oro y la crisis de la deuda de los años ochenta —conocida como la “década perdida”—, el FMI adoptó el espíritu neoliberal del Consenso de Washington (1989), condicionando sus millonarios préstamos a programas de ajuste estructural: privatizaciones, eliminación de subsidios, devaluaciones y recortes drásticos del gasto público.

Las consecuencias de estas recetas han quedado grabadas a fuego en la memoria colectiva latinoamericana:

  • Venezuela (1989): El “paquetazo” neoliberal de Carlos Andrés Pérez desató el estallido social conocido como el Caracazo, con cientos de muertos y el surgimiento político del chavismo.
  • Argentina (2001): La rigidez de la paridad cambiaria respaldada por el FMI desembocó en el histórico corralito y la mayor suspensión de pagos (default) de la historia mundial hasta entonces.
  • Ecuador (2019): La eliminación de subsidios a los combustibles exigida en un acuerdo de rescate provocó masivas protestas indígenas que obligaron al gobierno de Lenín Moreno a declarar estado de excepción y mudar temporalmente la sede del Ejecutivo.

Economistas críticos como Diego Sánchez-Ancochea (Universidad de Oxford) sostienen que los programas del FMI tienen un “sesgo excesivamente recesivo”, priorizando la reducción de costos y la ortodoxia monetaria por encima del tejido social. En el mismo sentido, un estudio histórico de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EE. UU. (NBER), elaborado por Carmen Reinhart y Christoph Trebesch, señala que 146 de los 188 países miembros habían participado en programas del Fondo, ganando algunos de ellos la etiqueta de “adictos al FMI” debido a la reincidencia crónica en sus crisis.

La excepción a la regla: El caso de éxito de Brasil

Frente a la estela de crisis asociadas al organismo, la historia económica regional también registra excepciones notables donde la intervención del FMI funcionó como un puente temporal hacia la estabilidad sin sacrificar la soberanía a largo plazo.

El ejemplo más emblemático es el de Brasil en 2002. Sumido en una profunda incertidumbre financiera ante la inminente llegada al poder del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, el país recibió un préstamo de 30.000 millones de dólares del FMI. Lejos de imponer un colapso social, el programa —apoyado hábilmente por el equipo de transición de Lula al comprometerse a mantener la disciplina fiscal y la credibilidad macroeconómica— sirvió para ganar tiempo y calmar a los mercados internacionales.

El resultado es historia conocida: bajo los gobiernos de Lula, Brasil no solo cumplió rigurosamente con los compromisos heredados, sino que en 2005 pagó por completo la totalidad de su deuda con el FMI, anticipándose a los plazos previstos y liberándose de la tutela del organismo. Este episodio demostró que la credibilidad institucional y la coherencia en el manejo macroeconómico pueden convertir al FMI en una válvula de escape transitoria, y no en un ancla perpetua de austeridad.

 El dilema boliviano ante el espejo regional

El retorno de Bolivia a los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, bajo un paquete proyectado de al menos 5.000 millones de dólares en conjunto con el Banco Mundial y el BID, plantea interrogantes ineludibles.

La experiencia de vecinos como Argentina —profundamente endeudada y con indicadores de pobreza que desafían los recortes de Milei— y Ecuador —limitado por su dolarización y tensiones sociales— demuestra que los préstamos internacionales no son soluciones mágicas. Si el ajuste fiscal recae desproporcionadamente sobre los sectores vulnerables sin atacar las distorsiones estructurales internas, el remedio puede terminar siendo más corrosivo que la enfermedad.

Volviendo a la pregunta inicial: ¿A qué país de Latinoamérica ayudó el FMI? La respuesta empírica es que el Fondo rara vez “salva” economías por sí solo; a lo sumo, otorga liquidez temporal a cambio de un costo político y social altísimo. La verdadera salvación, como enseñó la experiencia brasileña, radica en que los gobiernos utilicen esa ventana de tiempo no para aplicar una austeridad ciega y castigadora, sino para construir instituciones sólidas, diversificar sus economías y recuperar la confianza soberana. Para Bolivia, el nuevo acuerdo con el FMI marca el inicio de una prueba de fuego donde el margen de error político y social es, sencillamente, inexistente.

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