El mundo se estatiza mientras Bolivia busca privatizar. Mientras las principales potencias económicas del mundo, incluyendo a EEUU, Francia, Alemania y Rusia, han iniciado una agresiva ola de nacionalizaciones para blindar sus sectores estratégicos, Bolivia parece caminar en la dirección opuesta. En un momento donde la inestabilidad geopolítica y la crisis de suministros han obligado a los Estados a retomar el control de sus recursos, el debate legislativo boliviano se centra en la privatización o el cierre de 15 empresas estatales declaradas en “quiebra técnica”.
La tendencia global: El retorno del Estado fuerte
Según un reciente análisis de Nicholas Mulder, profesor de historia moderna en la Universidad de Cornell y colaborador de la revista Finanzas & Desarrollo del Fondo Monetario Internacional (FMI), el mundo atraviesa la cuarta gran ola de nacionalizaciones en los últimos 100 años. A diferencia de épocas pasadas, este movimiento no es una simple ideología, sino una respuesta pragmática a la fragilidad de las cadenas de suministro globales.

Los datos son reveladores: entre 2016 y 2026, se nacionalizaron activos por un valor de entre 239.000 y 544.000 millones de dólares. Las potencias no están improvisando:
- Francia y Alemania: Han tomado el control de empresas de servicios públicos y electricidad para garantizar la seguridad energética. Francia, además, ha puesto bajo control gubernamental su astillero más grande.
- Reino Unido: Ha optado por la nacionalización de ferrocarriles y siderúrgicas.
- EEUU: En un giro histórico hacia el intervencionismo, el gobierno estadounidense adquirió una participación dominante en el único productor nacional de tierras raras, un recurso vital para la tecnología moderna.
- Rusia: En un movimiento de gran escala, el Estado ruso ha confiscado más de 48.000 millones de dólares en puertos, fábricas y empresas de consumo desde 2022, consolidando el control estatal sobre activos clave en medio del conflicto geopolítico.
Estas medidas responden a una convicción política creciente: en una era de fragmentación geoeconómica, el Estado debe ser el garante de los recursos críticos, desde el litio y el oro hasta la energía y la infraestructura básica.
Nacionalización de Commodities
Esta ola no se limita a la industria pesada; los Estados están recuperando agresivamente el control sobre sus commodities. Países de todo el mundo han comenzado a confiscar o renegociar recursos estratégicos como el litio, el oro, el uranio, el níquel e incluso el aceite de palma. Esta tendencia responde a una lógica de soberanía sobre las materias primas: los gobiernos ya no están dispuestos a dejar que la riqueza de su subsuelo sea gestionada exclusivamente por intereses extranjeros, prefiriendo capturar ellos mismos la renta en un mercado global de materias primas cada vez más volátil y disputado.”
En el caso boliviano, nacionalizar el agronegocio no sería una idea descabellada ni contraria a la tendencia mundial de países con tendencias liberales.
El caso boliviano: El mundo se estatiza mientras Bolivia busca privatizar
En contraste, el panorama en Bolivia es radicalmente distinto. Según una nota de La Patria del 24 de abril de 2026 (pero pueden encontrar miles de voces de libertarios pidiendo privatización), el Gobierno ha identificado 15 empresas estatales en “quiebra técnica”, de un total de 67 entidades públicas. Ante este escenario, la respuesta desde el Legislativo ha sido contundente: privatizar o cerrar.
La diputada Ana María Quiroga, solo por citar un ejemplo, ha sido enfática al señalar que “las que puedan ser rentables que se privaticen; las que no, habrá que ver la forma de cerrarlas”. Esta postura refleja una visión que considera que el Estado no debe ser empresario, sino un mero regulador. Sin embargo, esta visión choca con la realidad de las potencias mundiales, que han demostrado que, en tiempos de crisis, la propiedad estatal es una herramienta de supervivencia y no solo un balance contable.
Quiroga no está sola, existe un grupo de conservadores privatizadores que cuentan que los países que están nacionalizando, son exitosos por privatizar. ¿Mienten? En corto, sí. Al menos acorde a Nicholas Mulder.
El dilema de la eficiencia vs. la soberanía
Mientras el mundo desarrollado utiliza la nacionalización para protegerse de la volatilidad de los mercados internacionales, Bolivia parece estar desmantelando su aparato productivo estatal bajo la presión de déficits fiscales. La historia de las nacionalizaciones, como señala Mulder, demuestra que estas medidas suelen ser respuestas a crisis urgentes. La diferencia es que, mientras otros países usan el Estado para ganar autonomía y control sobre su futuro, en Bolivia se plantea la retirada del Estado en un momento donde la soberanía sobre los recursos naturales y estratégicos es más necesaria que nunca.
El debate está servido: ¿está Bolivia cometiendo un error histórico al privatizar mientras el resto del mundo se estatiza, o es el cierre de empresas deficitarias la única forma de evitar el “desangramiento” de las arcas públicas? La respuesta dependerá de si el país logra distinguir entre una empresa mal gestionada y la necesidad de un Estado con capacidad de mando sobre su propia economía.

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