Argentina no tiene inversión extranjera. El relato del gobierno de Javier Milei sobre una inminente «lluvia de inversiones» acaba de chocar de frente con los datos oficiales a nivel internacional. Según el último reporte «FDI in Figures» (Inversión Extranjera Directa en Cifras), publicado por la OCDE en abril de 2026, los capitales productivos han dado la espalda a la Argentina.
Ante este duro revés financiero, la administración libertaria ha acelerado un «Plan B» que enciende las alarmas en materia de soberanía: la derogación de la Ley de Tierras Rurales, una maniobra diseñada por Federico Sturzenegger para rematar territorio nacional estratégico, reservas de agua y zonas de frontera al mejor postor extranjero.
El contraste: El mundo crece, Argentina se desploma
El análisis del documento de la OCDE desnuda una realidad innegable. Mientras a nivel global los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) aumentaron un 15 % en 2025 (alcanzando los 1,660 billones de dólares), en Argentina ocurrió exactamente lo contrario.
Según la Tabla 1 del informe de la OCDE, la inversión extranjera hacia Argentina sufrió un colapso estrepitoso. El país pasó de recibir $us 11.644 millones en 2024 a registrar apenas $us 3.134 millones en 2025 (cifras preliminares).
Este desplome evidencia que las políticas de desregulación financiera no lograron convencer a las empresas transnacionales de invertir capital en el sector productivo o industrial argentino. Es en este escenario de sequía de divisas donde el proyecto de «Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada» cobra su verdadero sentido.
La Ley de Tierras: El salvavidas financiero de Sturzenegger
Al no ingresar dólares genuinos por inversión productiva, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, ha puesto la mira en el suelo argentino. Su principal objetivo es derogar la Ley 26.737, sancionada en 2011, que establece un límite del 15 % a la compra de tierras por parte de personas o empresas extranjeras.
«La Ley de Tierras es a las economías regionales lo que la Ley de Glaciares fue a la minería», aseguró Sturzenegger ante las Confederaciones Rurales Argentinas. Su promesa es que, al eliminar los límites a la propiedad extranjera, ingresarían capitales por más de US$ 15.000 millones.
Este número no es casual; busca compensar exactamente el bache de dólares que dejó la fuga de Inversión Extranjera Directa revelada por la OCDE.
El fantasma de Lago Escondido: Soberanía en venta
El intento del Gobierno (que ya había sido frenado en la Justicia cuando Milei intentó derogar la ley mediante el DNU 70/2023) no solo elimina los topes de propiedad, sino que borra las prohibiciones para adquirir tierras con cuerpos de agua permanentes o en zonas de seguridad de frontera.
El miedo de las organizaciones ambientales y científicas tiene un antecedente claro: Lago Escondido. En 1996, el magnate británico Joe Lewis compró 13.000 hectáreas en Río Negro, a solo 6 km de Chile, bloqueando durante décadas el acceso público al agua con la complicidad de la justicia provincial.
Actualmente, según el Observatorio de Tierras, cerca del 5 % del territorio argentino ya está en manos extranjeras (más de 13 millones de hectáreas, equivalente a la extensión de Inglaterra). La derogación de la ley abriría la puerta a la proliferación de estos latifundios.
«Si la ley se modifica, el valor de la tierra se dispararía, creando enclaves extractivos que impedirán que la población local haga uso de esos espacios», explica Julieta Caggiano, socióloga e investigadora del Conicet.
La «trampa» del federalismo y el pacto en el Senado
Ante la resistencia inicial en el Senado, la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, orquestó una hábil maniobra política. Tras un mes de negociaciones, logró un acuerdo con senadores radicales y fuerzas provinciales introduciendo una trampa discursiva: delegar la responsabilidad.
Se agregó un artículo para que cada provincia decida si pone límites o no a la venta de tierras. «Federalismo puro y duro», lo justificó Bullrich. En la práctica, esto replica el modelo de la Ley de Glaciares, dejando a provincias empobrecidas a merced del lobby de gigantes corporativos transnacionales.
En la sesión clave del próximo jueves, el peronismo ya lanzó la advertencia final: «Quieren habilitar la compra de tierras estratégicas a empresas de inteligencia y datos como Palantir. Para ellos el mundo no tiene alambrados, es todo suyo».
La ecuación del Gobierno queda al descubierto por los números internacionales: ante la falta de inversiones reales y un desplome en la confianza económica (certificada por la OCDE), la única forma que encuentra el oficialismo para atraer dólares es colgarle el cartel de «Se vende» a la Patagonia y a los recursos naturales del país.
