El presidente Rodrigo Paz Pereira se acercó de manera insistente al pinochetista José Antonio Kast y recibió un muro en la frontera como respuesta, en un episodio que expone no solo una humillación diplomática, sino una alarmante contradicción histórica. Paz, cuyo padre fue exiliado por una dictadura militar en Bolivia, viajó a Chile para celebrar la asunción de un político que reivindica abiertamente la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet. El gesto de “buena vecindad” fue respondido por Kast con su primera medida de gobierno: la construcción de zanjas y barreras físicas en la frontera con Bolivia.
De los abrazos en Valparaíso al “Plan Escudo Fronterizo” Rodrigo Paz sin dignidad ante Kast
La visita de Rodrigo Paz a Chile para la asunción de José Antonio Kast estuvo cargada de gestos de acercamiento. El mandatario boliviano habló de abrir un “nuevo ciclo”, de mirar al “futuro y no al pasado” y de impulsar una agenda económica de “privados con privados”. Incluso realizó una emotiva visita a la comuna de Macul, donde vivió durante el exilio de su padre, Jaime Paz Zamora, quien huyó de la dictadura de Hugo Banzer.
“Con el presidente electo, José Antonio Kast, hemos trabajado para conjuncionar una agenda en común, sobre todo en el sector económico”, declaró Paz a su llegada, mostrando una sintonía que desconcertó a muchos.
Sin embargo, la respuesta de Kast fue un portazo. En su primer día de gobierno, el nuevo presidente chileno firmó el “Plan Escudo Fronterizo”, un decreto que ordena la construcción de zanjas, muros y cercos perimetrales, además del despliegue de miles de militares en la frontera norte, precisamente con Bolivia y Perú.
La medida, justificada como una estrategia de control migratorio, fue duramente criticada en Bolivia. El expresidente Evo Morales la comparó con las políticas de Donald Trump, mientras que el empresario Samuel Doria Medina la calificó como un “error” y una “visión injusta”.
La contradicción histórica: un exiliado abrazando al heredero de Pinochet
La cordialidad de Paz con Kast resulta aún más inexplicable al revisar el historial ideológico del nuevo mandatario chileno. José Antonio Kast es un defensor declarado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), un régimen que dejó más de 3.000 muertos y desaparecidos, además de miles de exiliados.
“Si estuviera vivo, votaría por él”, llegó a decir Kast sobre Pinochet. También ha calificado la dictadura como un gobierno que “puso orden en el país” y ha relativizado las violaciones a los derechos humanos. Su discurso de “mano dura” y su retórica nacionalista son herederos directos del pinochetismo.
Resulta una paradoja histórica que Rodrigo Paz, hijo de un exiliado por la dictadura de Banzer en Bolivia —un régimen que formó parte del Plan Cóndor junto al de Pinochet—, haya sido uno de los primeros en tender puentes con un político que reivindica ese oscuro pasado.
Un vuelco en la política exterior boliviana
El acercamiento a Kast no es un hecho aislado. Se inscribe en un giro radical de la política exterior boliviana bajo el gobierno de Paz, que busca un realineamiento con las derechas del continente y con Estados Unidos.
Mientras la diplomacia de Paz se enfoca en “abrirse al mundo” y en los “negocios”, parece haber olvidado las lecciones de la historia. El muro que hoy levanta Kast en la frontera es un duro recordatorio de que, en política exterior, los gestos de buena voluntad no siempre son correspondidos, especialmente cuando se intenta congraciar con quienes nunca han renunciado a la herencia de las dictaduras.
