El gobierno de Rodrigo Paz sufrió este domingo una derrota política de alto impacto, al verse forzado a pactar la abrogación del Decreto Supremo 5503 con la Central Obrera Boliviana (COB), luego de semanas de convulsión social que desbordaron su capacidad de control. El retroceso no solo marca el colapso de su principal medida económica, sino que acelera el desgaste final de su liderazgo, especialmente tras el contundente mensaje del vicepresidente Edmand Lara, quien calificó la decisión como un “memorándum de preaviso de despido” para el mandatario.
Lejos de cerrar la crisis, el acuerdo deja a Paz políticamente herido, sin autoridad plena y con su propio binomio marcándole la salida.
Acuerdo bajo presión en El Alto: Gobierno retrocede
La firma del acuerdo se realizó en el mercado Santa Rosa de la ciudad de El Alto, epicentro de la protesta social y símbolo del poder de la movilización popular. Allí, el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, confirmó que el Ejecutivo aceptó la abrogación del decreto y anunció que una nueva norma será redactada en un plazo de 48 horas.
“El decreto se anula o se abroga, como ustedes quieran verlo”, admitió Oviedo, intentando minimizar el golpe político. Sin embargo, su declaración no logró ocultar lo evidente: el Gobierno fue derrotado en las calles.
Aunque el Ejecutivo insiste en que el nuevo decreto mantendrá pilares como la eliminación de la subvención a los carburantes y el ordenamiento salarial, el hecho central es innegable: Rodrigo Paz no logró sostener su política estrella frente a un bloqueo nacional que paralizó al menos seis departamentos desde el 6 de enero.
Edmand Lara marca distancia: “Un preaviso de despido”
La crisis no solo expuso la debilidad del Gobierno frente a la COB, sino también una fractura interna en la cúpula del poder. El vicepresidente Edmand Lara lanzó un mensaje público demoledor contra Rodrigo Paz, dejando claro que su permanencia en el cargo está condicionada.
“Rodrigo Paz, tienes una segunda oportunidad… Si no se trabaja con el pueblo, es mejor no ocupar el cargo”, afirmó Lara, describiendo la abrogación como un “memorándum de preaviso”.
Para el analista político Luis Alberto Ruiz, este pronunciamiento confirma que el vicepresidente y los sectores populares ya le están cobrando la factura al presidente por haberse alejado de los acuerdos preelectorales y del voto duro que lo llevó al poder. “No es solo una corrección de rumbo, es un aviso político: Paz está en evaluación”, sostuvo.
La COB levanta bloqueos, pero el Gobierno queda en emergencia
Tras la firma del acta, la COB instruyó el levantamiento inmediato de los bloqueos en todo el país, aunque declaró estado de emergencia hasta que se promulgue el nuevo decreto consensuado.
El secretario ejecutivo, Mario Argollo, defendió el acuerdo como una victoria popular, pese a haber sido increpado y chicoteado por sectores radicales de los Ponchos Rojos, que consideraron insuficiente el pacto.
“Ahí está su premio, hermanos: ustedes han ganado la abrogación de este maldito decreto”, proclamó Argollo, intentando contener a las bases movilizadas.
Sin embargo, ni el levantamiento de los bloqueos ni el acuerdo logran cerrar la crisis. La Policía Boliviana tuvo que intervenir en varias zonas de El Alto, donde grupos disidentes intentaban mantener cierres y medidas de presión.
El conflicto se desactiva parcialmente, pero la autoridad de Rodrigo Paz queda severamente erosionada. Sin respaldo pleno en las calles, con la COB en alerta y con su propio vicepresidente marcándole límites, el mandatario enfrenta el escenario más delicado de su gestión: gobernar sin poder real y con la salida cada vez más cerca.
