“Gobernar para los ricos”: Rafael Bautista devela el fracaso de la izquierda y del proyecto plurinacional

“Gobernar para los ricos”: Rafael Bautista devela el fracaso de la izquierda y del proyecto plurinacional

“Gobernar para los ricos” es la razón fundamental por la que, según el filósofo Rafael Bautista, ha sido el fracaso de la izquierda y el proyecto plurinacional en Bolivia y en la región. En una contundente charla internacional, el reconocido teórico descolonial explicó cómo la ingenua confianza en modelos económicos, la ausencia de una lectura geopolítica y la adopción de una lógica capitalista anticomunitaria provocaron que los gobiernos progresistas perdieran legitimidad, abriendo el camino al retorno de una derecha que hoy desmonta las conquistas sociales.

El colapso del modelo: inoperancia y ausencia de lectura geopolítica

Para Bautista, el desgaste reciente del gobierno del MAS en Bolivia es solo un síntoma de un problema estructural que atraviesa a toda la izquierda latinoamericana: la incapacidad de comprender el tablero global en un contexto de colapso del orden unipolar.

“Dejar los asuntos económicos en manos exclusivas de economistas es una completa inocencia”, afirmó el filósofo, señalando que la disputa real hoy es la reconfiguración del mundo en un nuevo orden multipolar.

Según su análisis, los gobiernos progresistas sudamericanos “no tenían ni la más vaga idea de la geopolítica en juego”. Este vacío —sostiene— fue aprovechado por EEUU, que, aun en decadencia, sigue siendo “extremadamente peligroso” y opera activamente para provocar el desmoronamiento de las economías latinoamericanas.

En el caso boliviano, el fracaso de la izquierda está en la falta de visión estratégica, que se tradujo en una confianza excesiva en que el modelo económico social comunitario productivo resistiría cualquier embate. Bautista apuntó que el bloqueo parlamentario —impulsado incluso por una facción del propio MAS— y las inoperancias del gobierno evidenciaron la fragilidad de un proyecto que no supo leer la coyuntura histórica.

La “traición” de la izquierda: aburguesamiento sin revolución cultural

Uno de los puntos más incisivos del análisis de Bautista es su crítica a la izquierda por haber adoptado los valores del mismo sistema que decía combatir. A su juicio, los gobiernos progresistas sacaron a millones de personas de la pobreza sin acompañar ese proceso con una revolución cultural, lo que derivó en un profundo aburguesamiento social.

“Una vez que mejoran sus condiciones de vida y acceden a los satisfactores del mercado capitalista, caen en la trampa de querer pertenecer a las esferas superiores”, explicó. Esto provocó que amplios sectores de las nuevas clases medias abandonaran el proyecto que los sacó de la pobreza y empezaran a respaldar el modelo que les promete mayor riqueza y estatus.

Bautista fue particularmente crítico con el concepto de “capitalismo andino”, acuñado por el exvicepresidente Álvaro García Linera, al que calificó de “infeliz” y de ser un verdadero oxímoron. “El capitalismo es profundamente anticomunitario”, sentenció, explicando que su lógica se basa en individuos que priorizan intereses particulares, lo que resulta incompatible con la forma comunidad defendida por los movimientos indígenas.

Desde esa lógica —concluye— la izquierda terminó ofreciendo “lo mismo que la derecha”, y de allí se desprende naturalmente la propuesta del actual presidente Rodrigo Paz: “capitalismo para todos”, una consigna ilusoria pero eficaz para legitimar el retorno conservador. Al no haber diferencia se sonsuma el fracaso de la izquierda.

Del Estado-nación al Estado-civilización: la propuesta descolonial

Frente a este escenario de fracaso, la propuesta de Rafael Bautista es radical: superar el modelo de Estado-nación, heredado de Occidente, y transitar hacia un Estado-civilización. Este nuevo horizonte no se sustenta en la figura abstracta del ciudadano, sino en la forma comunidad como principio organizador de la vida política.

Para Bautista, el Estado-nación ha servido históricamente para preservar jerarquías sociales de fondo racial, donde lo indígena es concebido como un obstáculo para el “desarrollo”. En contraste, el Estado Plurinacional, entendido como mediación hacia el Vivir Bien, busca materializar una forma de vida basada en la reciprocidad y la complementariedad.

Este tránsito —afirma— exige una revolución cultural y pedagógica que nunca fue priorizada. También implica superar el discurso de la “interculturalidad”, que mantiene criterios eurocéntricos, y avanzar hacia una afirmación civilizatoria propia, con pretensión legítima de universalidad desde el Sur, capaz de impulsar un diálogo Sur–Sur sin la mediación del Norte.

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