NUESTRO DERECHO A BLOQUEAR LA ESTULTA INDOLENCIA

NUESTRO DERECHO A BLOQUEAR LA ESTULTA INDOLENCIA

Nuestro derecho a existir nació bloqueando al poder imperial. El “cerco a La Paz” instaló la autodeterminación de nuestro pueblo como sustancia del nuevo horizonte nacional. Fueron los bloqueos del pueblo contra los golpes y las dictaduras, los que allanaron el camino a la democracia tan demagógicamente defendida; pervertida por quienes nunca comprendieron que la lucha y la historia siempre le han pertenecido al pueblo, por eso ahora maldicen los bloqueos, olvidando que el 2019 (los “pititas”) bloquearon al país, creyendo defender la democracia, cuando, en realidad, su ignorancia estaba legitimando un golpe al Estado plurinacional.

El pueblo emplea el bloqueo nunca como medida inicial sino constituye el pico de acumulación de la resistencia popular. Es el poder concentrado que desata a sus aparatos coercitivos para provocar una medida que siempre es un desgaste máximo del campo popular; sobre todo cuando el desgaste de la lucha popular es coreado por su difamación mediática, inflamando los prejuicios de la consciencia social, proclive a defender exclusivamente sus intereses, confundiendo derechos con privilegios. Ahora el brazo político del repuesto poder oligárquico pretende, con una ley, robarnos definitivamente todo, con la complicidad de una sociedad urbana que aplaude estultamente la conculcación de la resistencia popular. Lo que no entiende esta percepción clasemediera –y el gobierno que le representa– es que, cuando al pueblo le quitan todo, le quitan hasta el miedo. Por eso el poder no puede escuchar el grito de un pueblo. Su fuerza es en realidad impotencia que adivina, en ese grito, el eco de todas las generaciones que siguen reclamando justicia. Ese es el hueco en el alma de la indiferencia de quienes no comprenden que el bien, la justicia y la dignidad, o es de todos o no es de nadie.

Los acostumbrados a la esclavitud, a un confort precario como su suerte, aquellos cuya visión apenas alcanza para contemplarse sus narices, cuyos cálculos sólo miden su interés individual, aquéllos que no encuentran lugar en su corazón para la justicia y la dignidad, son los que profieren a los cielos sus insensatas condenas; mientras La Tierra –que les mantiene como una Madre– es presa de un nuevo asalto, mucho más despiadado. Pero siempre la defenderán los que merecen llamarse hijos de Ella; aun a pesar de toda ley o decreto, que no estará por encima de la vida toda. Y si nos toca resistir de nuevo, incluso si las probabilidades no son las mejores, sabremos que, cuando la voluntad política se unge del espíritu de los tiempos, la realidad retrocede y el pueblo se hará de nuevo horizonte. Habremos entonces de persistir, incluso en la incertidumbre, hasta que ceda, y nazca de nuevo la esperanza.

rafael bautista s.

en_USEnglish