JULIAN “CHIQUIS” CARTAGENA: EL BERTOLD BRECHT DE TARIJA

JULIAN "CHIQUIS" CARTAGENA: EL BERTOLD BRECHT DE TARIJA

…el vacío que tú dejaste
Lo ocupas tú todavía.. C. Jara

Cuando fue que Chiquis Cartagena llegó a Tarija? Debe haber sido el año 74. A la edad de veinte a estudiar Económicas y a realizar actividades culturales y políticas a través del teatro. Teatro popular y en principio callejero con cero utilería y didáctica revolucionaria y libertaria. Pero antes hubo un precursor: el Mimo Sevillano. Antes que Chiquis hizo teatro y performances como de cámara secreta, pero sin cámara. Armó un ensamble infantil que puso en escena una comedia adaptada sobre Oscar Alfaro. Se llamó Matrimonio chapaco y debe haber un registro filmico en alguna parte.

Él era un mimo a lo Marceau y atleta fondista. Parece que se fue a Alemania auspiciado a una marathón y se quedó allá. Podría haber muerto perturbado y alcoholizado según un vago rumor. La cosa es que hizo mutis por el foreing justo para la aparición del gran Chiquis; personaje arquetípico de Tarija por más de cuatro décadas. El más importante gestor cultural de la región desde que con el hno. Manuel Fariñas fundó La Palmera en un local frente al colegio San Luis. Dirigió varios grupos teatrales con los que asistió infatigablemente a eventos del género en todo Bolivia y aún en el norte argentino consiguiendo varios premios y distinciones, el más prestigioso fue en el FITAZ …y fundó Caretas, legendario centro de la bohemia, la intelectualidad y las artes. Varias veces cambió de locación a lo largo de los años, y así recuerdo uno en la calle Alejandro del Carpio, al lado del ballet Libertad, de donde se mudó a la ex cervecería en la Ramón Rojas.

La intolerancia de los vecinos obligó a un nuevo desplazamiento esta vez de nuevo a la A. del Carpio esq. Suipacha. Lugares a donde acudí religiosamente casi a diario en los intervalos de mis malhadadas expediciones argentinas, a beber, participar de lecturas y charlas poéticas, presenciar ballets, conciertos y obras de teatro…y en general ejercer un modesto socratismo entre algunos jóvenes que ahora no lo son tanto y llegaron a ocupar lugares relevantes en la cultura nacional.

Actualmente son mis más allegados y benefactores. Chiquis era un infatigable caminante de la ciudad que eligiera su amor, en pos de sus innumerables actividades políticas, sociales, económicas, culturales, deportivas y otras, y debo resaltar en todo momento la extraordinaria disposición para la amistad que lo caracterizaba, mayor que la de cualquier otra persona que yo conociera. Aparte de sus numerosas docencias en preescolar, primaria, secundaria, universidad, centros penitenciarios, trabajó en ONGs, en una planta desecadora de vegetales y frutas de la que yo mismo recibí y vendí alguna cantidad. En Codetar y otras realizó intensa actividad sindical consiguiendo una importante conquista al conformar el directorio de la institución de desarrollo, por la parte laboral. Trabajando unos años en contabilidad de las camineras que infructuosamente persistían en hacer una conexión decente con el Chaco, tuvo en Entre Ríos un local de comida y pensión para los trabajadores camineros y petroleros de la zona.

Fue un lugar famoso, yo mismo en esa oportunidad como en otras gocé de su generosidad y un negocio que hubiera sido una mina de oro en otras manos por su excelencia gastronómica, quebró y Chiquis salió con lo puesto. Quiero traer a cuento a R L Stevenson, quien en varias ocasiones fue engañado a causa de su generosidad y desprendimiento con los amigos. Él dice en su libro de parábolas: Otra vez engañaron a Corazón Grande. No importa, dijo Corazón Grande.

En otra ocasión estuvo casado con… una bailarina folklórica con la que mantuvieron un emprendimiento gastronómico en un local frente al coliseo Luis Parra, allá fue pionero de la leche de soya con la que logró algún suceso, y luego amplió a pensión, hubo un divorcio y quedaron los ex cónyuges tan amigos como era usual en cada separación de las muchas que sobrellevó la trajinada vida sentimental de nuestro personaje. En cierta época clásica hubo un conventillo de estudiantes en la calle Méndez, a una cuadra de la Av. Costanera. Allá compartieron estudios, afanes, penurias y jolgorios nuestro buen Chiquis junto a otros que llegaron a adquirir preminencia política durante el último gobierno de Goni: Yerko Kukoch, José Luis Harb y el Queso Rivero, entre los más notables. Era un foco de subversión política y bien pronto Chiquis sufrió algunas prisiones.

Esto era durante el gobierno de García Meza; al interventor militar y prefecto lo conocíamos como Chespirito y era tan pequeño como Chiquis, a quien recuerdo verlo una mañana cruzando la plaza principal, sleeping al hombro, dirigiéndose a una citación de las autoridades políticas. El teatro de Chiquis, popular, didáctico y callejero, fue evolucionando en intenciones y aspectos materiales. Recuerdo una puesta en escena de Las Sillas de lonesco, donde acudí con mi hijo y hermanitos. Fue muy divertido para los chicos, era en el Salón Antoniano y como es norma hubo una ausencia multitudinaria. Ya en su última locación, en la calle Suipacha, albergó y fomentó un cineclub, de los tantos que fundó.

Yo me ofrecí a presentar una película rusa, para lo que me preparé concienzudamente en internet. Lamento decir que nadie asistió. Era inevitable que en cada edición de mis esporádicos libros hiciera una presentación en el local de Chiquis. Así ocurrió a lo largo de los años, y cada uno de los libros que me compró llevaba una dedicatoria al Bertold Brecht de Tarija. Y me pregunto ahora qué se habrá hecho la vasta biblioteca mayormente de teatro pero también de literatura, economía y política que casi cubría completamente la pared de la sala que ocupó por más de 30 años, los largos años que disfruté de su erudición en asuntos bolivianos, su desopilante sentido del humor y su don de gentes. Diseñó solo o con participación generosa a otros, proyectos de rehabilitación y reinserción social dirigidos a privados de libertad, carenciados y contenidos en centros de menores problemáticos y/o marginales difundiendo valores y pautas de conducta y de consumo cultural.

Durante la pandemia y con un lleno total en su Hotel Pájaro nos movimos en un denso Decamerón de hippies borrachos y exasperados. Era habitual su tolerancia con las deudas y desmanes del permanente Woddstock de desadaptados para quienes siempre fue un ángel de la guarda, y ya no interesaba saber quién era el loco y quién el cuerdo si todos tenemos que morir mañana. Chiquis era la persona más buena, servicial, desinteresada y considerada con el prójimo, tenía una intachable ética revolucionaria y libertaria, y un gran corazón al servicio de los demás. Ya instalado el hotelito donde trabajé de albañil, pintor y electricista, donde ayudó a tanta gente ácrata y migratoria que anda vagabundeando y dando lástima, tuve el privilegio de cocinar en su casa todos los mediodías.

Almorzábamos ambos y/o, algún invitado, y en larga sobremesa él me contaba datos inéditos que conocía de las familias tarijeñas, tanto de las más encumbradas como de las de más baja extracción, ambos ya sordos, nuestra tertulia se desarrollaba a los gritos y era escuchada hasta media cuadra… y aquí viene bien señalar su impresionante capacidad conversativa y el enorme placer que le proporcionaba charlar en alguna esquina de la ciudad con cualquier interlocutor, con extrema discreción y sumo tacto. Al final solo se trata de historias y él era una fuente inagotable de estas historias y el teatro también son historias contadas mímicamente. Siempre fue un prolífico inventor y divulgador de los últimos avances de la ingeniería verbal. De pronto tuve la sensación de haber perdido la mayor fuente de datos de la región. Chiquis ejercitaba una disciplina implacable e impecable: luego de almorzar un plato único dormía una siesta de alrededor de media hora después de la que retomaba su ajustada agenda hasta más o menos las 10 de la noche cuando clausuraba la recia puerta de Caretas hasta las 5 de la madrugada despertando a sus ejercicios stanislavskyanos y a asear la vereda y el salón.

Y hay que resaltar la especie de trosko jesuitismo practicista de Chiquis, que le permitió interactuar con todos y cada uno de los estratos de la sociedad: participó en programas con la iglesia, conformó varias comisiones de derechos humanos y durante varias décadas, la mejor gente de Tarija le confió sus hijos, en quienes difundió valores humanos durante medio siglo, fomentó festivales de rock, de teatro, de folklore, de danza; produjo espectáculos de nuestro imposible humor chapaco, fue empresario gastronómico, hotelero, cuya cámara conformó; auditor de finanzas, dramaturgo, el mejor trosko posible, pues éstos son conocidos por dilatar las glándulas con su dogmatismo estridente En La Paz era común decir que su mejor gente había nacido en Oruro.

Mi parafrasis decía que la mejor gente de Tarija había nacido en otra parte. Chiquis nació en Oruro. Sobrellevó una existencia trashumante en La Paz, en Santa Cruz, y nunca permitió que las vicisitudes estorbaran su ánimo imperturbable y su icónico humor cuyas anécdotas ameritarían un volumen importante. Fue en su juventud amigo y compartió vivencias con Cachín Antezana, pero más con sus hermanos chicos, con René Bascopé y sus hermanos….y fue generalmente conocido en las generaciones que surgimos en los años 70 80 90 a nivel nacional.

A sus 71 años continuaba recorriendo las calles con su invariable paso ligero tertuliando en las esquinas, hasta que al atenderse una incipiente diabetes, se descubrió que un cáncer de páncreas ya había hecho metástasis en su hígado y otros órganos. Luego de una breve agonía de una semana, pareció cobrar conciencia, nos miró a los compungidos visitantes, nos dio la mano y nos sonrió como una lúcida despedida. Al otro día a media mañana había muerto dejándonos la certeza inconsolable de que nada sería igual en Tarija a partir de su mutis.

Este texto fue escrito por Julio Barriga, poeta, escritor, amigo de Julián Chiquis Cartagena. Que su cariño por él demuestre lo que todos sentimos, abrazos chiquis, en donde estés.

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