EL MERCOSUR A LA MEDIDA DE LA UNIÓN EUROPEA

EL MERCOSUR A LA MEDIDA DE LA UNIÓN EUROPEA

Por Felipe Limarino

Latinoamérica es la gran perdedora del desorden mundial actual, de la desagregación del orden liberal internacional basado en reglas, el Rules-Based International Order, estadounidense de la posguerra. E ingresa a la constitución de un orden, en lo inmediato tripolar, completamente subordinada. La política exterior de la región, con algunas excepciones heroicas, es una veleta que o bien se alinea con el ímpetu de Trump o se regodea infantilmente con el muy desfavorable acuerdo comercial con la Unión Europea. Pero, en general, ha perdido la iniciativa y se pliega a quien mejor le ilusiona o le amenaza.

El acuerdo entre el MERCOSUR y la UE es completamente pernicioso y, según el gran economista brasileño Paulo Nogueira Batista, ex director del Fondo Monetario Internacional y miembro fundador del Banco de Desarrollo de los BRICS, sufre de complexo de viralata que traducido a un buen español sería complejo de perro callejero (Acordo Mercosul/União Europeia: já era ruim e ficou pior. https://n9.cl/gufdp). La postura de Nogueira no es reciente, pues la viene sosteniendo desde hace al menos cuatro años, cuando las negociaciones entre ambos bloques tomaron un cariz diferente con el arribo de los gobiernos de Macri en Argentina y Bolsonaro en Brasil. Estos reemplazaron a los antiguos negociadores por otros nuevos que cedieron en casi todo, implementando una fórmula 7×1 o sea, el MERCOSUR cede en siete aspectos mientras que la UE solo cede en uno, todo con la intención de llegar a un acuerdo después de casi 20 años de negociaciones infructuosas. Tal y como un perro callejero que se humilla para conseguir la sobra, el hueso mondado del humano circunstancial que lo alimenta.

El acuerdo no abre de manera real el mercado europeo a los productos agropecuarios clave del Mercosur. Los bienes estratégicos (carne bovina, pollo, etanol) siguen severamente restringidos por cuotas mínimas, que apenas representan el 1 % del consumo europeo, mientras que los productos con acceso libre (soja, café verde, mineral de hierro) ya tenían arancel cero antes del acuerdo. Además, el Parlamento Europeo autorizó una cláusula de salvaguarda que permite, ante un aumento de importaciones de solo un 5 %, abrir una investigación acelerada de tres meses para suspender preferencias comerciales o forzar a los países del Mercosur a adoptar estándares productivos europeos.

Que Paraguay haya logrado asegurar cuotas exclusivas de acceso con arancel 0 % para azúcar orgánica y biocombustibles, así como un trato especial en reglas de origen para autopartes y plazos adicionales para aplicar medidas sanitarias y de defensa comercial; que Uruguay obtenga beneficios particulares, como acceso arancelario cero para arroz dentro de una cuota y la eliminación progresiva de aranceles para productos como lana, vinos y otros sectores exportadores importantes para su economía; o que Argentina comparta el acceso privilegiado general pero se enfrente igualmente a cuotas limitadas para productos agropecuarios críticos (carne, etanol, etc.) y a marcos regulatorios europeos estrictos que pueden restringir la competencia efectiva de sus exportadores, no cambia la asimetría fundamental del acuerdo. Por lo tanto, es un mal acuerdo porque fue el resultado de una mala negociación que nos condena a exportar vacas a cambio de la importación de automóviles, a desindustrializarnos merced al evangelio del libre comercio en una época que, señala Nogueira “Las economías centrales y los países emergentes relevantes reducen el grado de exposición externa de sus economías, adoptan medidas de protección frente a la competencia extranjera y elevan su nivel de autonomía productiva y tecnológica.”

Ante este panorama desolador, la pregunta se vuelve apremiante: ¿con qué margen de maniobra contará Bolivia al finalizar su proceso de adhesión, si su entrada al bloque significa someterse a condiciones ya prediseñadas para su desventaja?

Mientras tanto, en el elitista foro de Davos, el mensaje es diáfano. Una Ursula von der Leyen visiblemente satisfecha dejó claro este martes que Europa “no se detendrá en América Latina”. La declaración es cierta, el Viejo Continente ha consumado la recolonización económica del Sur.

En el mismo escenario, el ex primer ministro canadiense Mark Carney, el mismo que días atrás estuvo en Beijing limando asperezas y anunciando un acercamiento inédito y audaz a China desnudó la realidad con crudeza: “Dejen de invocar el orden internacional basado en reglas como si aún funcionara según lo anunciado”. Y propuso llamar al sistema por su nombre: “un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses utilizando la integración económica como un arma de coerción”. (Canada PM’s blunt message to Davos: the rules-based order is dead. https://n9.cl/n1mxz)

La doctrina del America First o Doctrina Donroe sufre sus primeros reveses tanto por el Norte como por el Sur.  En cualquier caso, los perdedores somos nosotros.

El Alto – Bolivia, 20 de enero de 2026

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