Adiestramiento hemisférico: Washington convoca a los jefes militares para ponerles la correa

Adiestramiento hemisférico: Washington convoca a los jefes militares para ponerles la correa

Por Felipe Limarino

Latinoamérica cruje bajo la égida estadounidense. Aún quedan naciones que resisten, es cierto, Venezuela, Nicaragua, México, Colombia, Cuba y Brasil; las demás, sus gobiernos actuales, consienten la sodomización de su soberanía y permiten que el gigante de las siete leguas, así lo bautizara Martí, les tutele sus políticas exteriores, les diga que decir, que callar, que aceptar.

Estados Unidos amenazó con imponer un bloqueo naval total a las importaciones de crudo cubanas. Y aunque la medida aún no ha sido aprobada, ya impide la importación de crudo desde Venezuela, que representaba el 30% del total de sus adquisiciones.

En lo que respecta a Venezuela, más allá de las especulaciones sobre la traición que permitió el rapto de Nicolás Maduro, junto a su esposa, y su actual presidio en una cárcel neoyorquina, la presidenta interina Delcy Rodríguez comienza a inquietar a Marco Rubio, quien la amenaza precisamente por su falta de docilidad:

«No se equivoquen: como afirmó el presidente [Trump], estamos preparados para usar la fuerza para garantizar la máxima cooperación si otros métodos fallan».

Y, en clara alusión, añadió:

«Conoce muy bien el destino de Maduro» (https://n9.cl/c7h0i5)

La dureza, pero también la honestidad fascista, de Rubio responde a las declaraciones recientes de Rodríguez, quien al dirigirse a los trabajadores de hidrocarburos del estado Anzoátegui, afirmó que el país no aceptará imposiciones externas y que los conflictos internos deben resolverse exclusivamente en el ámbito nacional:

«Ya basta de que Washington dé órdenes a los políticos en Venezuela. Que la política venezolana resuelva nuestras diferencias y conflictos internos. Ya basta de potencias extranjeras» (https://n9.cl/1vwg7e)

Por lo tanto, es necesario citar a los ejércitos latinoamericanos para ajustarles el paso.

El Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos lanzó una convocatoria para reunir el próximo 11 de febrero a los jefes militares del hemisferio occidental. En las circunstancias actuales, tal llamado constituye una conminatoria implícita a todos los ejércitos latinoamericanos: plegarse a los objetivos de seguridad hemisférica estadounidenses. Sería estúpido o cínico negar que se busca normalizar la idea de que la estabilidad regional pasa inexorablemente por la alineación militar con Washington. Y si bien no existe una agenda pública detallada, según comunicados oficiales del Pentágono se busca abordar amenazas transnacionales, como el narcotráfico y las organizaciones criminales, además de discutir esfuerzos conjuntos frente a actores externos percibidos como factores que socavan la seguridad y estabilidad regional (https://n9.cl/w0mf3 ).

La reciente Estrategia de Defensa Nacional 2026 (https://n9.cl/hd2m5 ) permite descifrar el lenguaje críptico que enmarca los contenidos de la convocatoria. Esto es, se espera que los países actúen como primer perímetro de defensa estadounidense (controlando flujos migratorios y narcóticos), pero se reserva el derecho a intervención unilateral decisiva cuando Washington determine que sus intereses están en riesgo. El Corolario Trump reinterpreta la Doctrina Monroe no como exclusión de potencias europeas (el siglo XIX), sino como exclusión de potencias extrarregionales (China) y supresión de actores no estatales mediante fuerza militar directa si es necesario.

Para los gobiernos de la región, esto significa una reducción de autonomía estratégica: la cooperación es bienvenida, pero la disidencia respecto a prioridades de seguridad estadounidenses (comercio con China, control de flujos migratorios, acceso al Canal) ahora conlleva riesgo de sanciones económicas o acciones militares focalizadas.

Es decir, Estados Unidos está re-militarizando su relación con América Latina ante la expansión económica china y la desarticulación —la vergonzante ausencia de coordinación diplomática autónoma— de la región. Así, la región se torna la profundidad estratégica necesaria para la reconstitución del poderío yanqui.

El Alto, 28 de enero de 2026

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