La mentira de Donald Trump sobre Bolivia no es novedad, tras mantener al país en la lista de naciones que incumplieron de manera demostrable sus compromisos internacionales en la lucha contra el narcotráfico, pese a otorgarle una dispensa para recibir ayuda económica en 2027. Aunque la resolución presidencial de la Casa Blanca justifica la medida alegando que el nuevo gobierno de Rodrigo Paz no dispuso de tiempo suficiente para revertir un presunto incremento en los cultivos de coca, las series estadísticas del Informe Mundial sobre las Drogas 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) desmienten esa premisa al constatar que la superficie cultivada en territorio boliviano se mantuvo estable, en abierto contraste con los récords históricos de producción alcanzados en países, Perú, Colombia con prolongada presencia militar y cooperación estadounidense.
Dictamen de Trump vs. Datos de la UNODC y Análisis Geopolítico
La resolución de Washington: elogios políticos y condicionamiento económico
En el documento oficial emitido por la Casa Blanca para la asignación de cooperación internacional, el mandatario estadounidense mantuvo a Bolivia dentro del listado de países señalados por incumplimiento, grupo que comparte con Colombia y Birmania (Myanmar). No obstante, el texto incorporó una exención de interés nacional para no suspender la asistencia financiera bilateral.
El mandatario norteamericano destacó el inicio de una nueva etapa bilateral con la gestión de Rodrigo Paz «tras décadas de gobiernos socialistas», celebrando la reactivación de la coordinación policial y acciones de alto impacto como la extradición a Estados Unidos del ciudadano uruguayo Sebastián Marset.
Sin embargo, el informe presidencial condicionó una eventual recertificación futura a que el país demuestre «avances en la reducción de la producción ilícita de drogas durante el próximo año y realice progresos sustanciales en el combate a la corrupción endémica».
Las cifras de la UNODC: estabilidad boliviana frente a la explosión en Colombia
El diagnóstico presentado por la administración estadounidense contrasta de forma directa con los datos técnicos elaborados por la Rama de Investigación y Análisis de Tendencias de la UNODC en Viena:
- Bolivia (Cultivo estabilizado): El informe global de Naciones Unidas documenta que la superficie cultivada con arbusto de hoja de coca en el Estado Plurinacional se mantuvo estable en el periodo 2023, consolidándose como el tercer productor del circuito andino con flujos dirigidos hacia el Cono Sur, Europa y rutas de tránsito interregional.
- Colombia (Aumento y récord productivo): A pesar de décadas de cooperación bilateral, asistencia de agencias de seguridad y acuerdos militares con Washington, Colombia registró una expansión en su superficie de cultivo y un salto de aproximadamente 50% en su estimación de fabricación de cocaína respecto al año anterior, liderando la oferta mundial hacia Norteamérica y Europa.
- Perú (Reducción leve): Registró un ligero descenso en la superficie sembrada, manteniéndose como el segundo productor global de la sustancia.
- Récord mundial de fabricación: A nivel global, la producción pura de cocaína alcanzó la cifra histórica de 3.708 toneladas métricas (un incremento del 34% en un solo año), movilizándose más del 90% de los cargamentos incautados a través del transporte marítimo internacional.
El factor de la demanda: el mayor mercado de consumo global
El enfoque punitivo de las evaluaciones bilaterales omite el impacto de la demanda en las naciones de destino. Según el reporte de la UNODC, América del Norte continúa siendo la región con los índices más altos de consumo de estupefacientes en general.
En términos económicos, el mercado ilícito minorista de drogas en Estados Unidos representa el mayor volumen financiero del planeta, con un valor estimado de 146.000 millones de dólares anuales. Asimismo, regiones de tránsito emergentes en África Occidental y Central se consolidan como plataformas logísticas para abastecer tanto a Europa como a mercados de alta prevalencia como Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), evidenciando que la expansión del fenómeno responde a incentivos de consumo global y no únicamente a la dinámica de los países productores.
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La geopolítica del control de drogas y el sesgo de la certificación
El historiador e investigador Alfred W. McCoy, a través de obras canónicas como The Politics of Heroin, ha documentado de manera exhaustiva el patrón de complicidad indirecta y «pragmatismo radical» mediante el cual agencias de inteligencia occidentales, particularmente la CIA, facilitaron el auge del narcotráfico global al subordinar la interdicción a objetivos geopolíticos y contrainsurgentes durante la Guerra Fría.
Sus investigaciones demuestran cómo, en escenarios como el Triángulo Dorado en el Sudeste Asiático (apoyando a las redes del Kuomintang y al ejército secreto Hmong en Laos), la Media Luna Dorada en Asia Central (impulsando la producción masiva de opio afgano mediante la Operación Ciclón y el narco-señor de la guerra Gulbuddin Hekmatyar), Centroamérica (garantizando inmunidad de facto a los Contras nicaragüenses mediante el Memorándum de Entendimiento de 1982) y la región andina (analizando el «golpe de la cocaína» de 1980 en Bolivia y el Plan Colombia), Washington otorgó armas, logística y protección política a sindicatos criminales y señores de la guerra que financiaban sus operaciones con narcóticos.
Asimismo, McCoy denuncia las severas vulneraciones de los derechos humanos inherentes a estas dinámicas, que abarcan desde el reclutamiento de niños soldados y masacres campesinas, hasta torturas sistemáticas, desplazamientos forzados por fumigaciones aéreas y el encarcelamiento masivo con sesgo racial en EEUU, evidenciando que las políticas de interdicción militarizada y certificación unilateral han servido históricamente como instrumentos de presión política más que como soluciones eficaces para contener el mercado internacional de drogas.
En el caso boliviano, la decisión de mantener la descertificación pese a los datos de estabilización de la UNODC confirma la persistencia de un criterio político que condiciona la soberanía interna a los intereses estratégicos de la Casa Blanca.
*Fotografía principal fallecidos en la masacre de la mina Siglo XX que financió EEUU
